
CHAPTER – WHAT’S IN YOUR BLOOD
El sol entraba apenas por los pequeños espacios que separaban las tiras de la cortina cuando sonó el timbre. Y al timbre se le unieron nudillos que también llamaban a la puerta.
Lo primero que hizo Shawn fue extender la mano para recoger el arma que debería estar bajo la almohada. Pero no había almohadón. Probó hacia la mesilla de luz, pero no había mesilla de luz sino la mesa de centro del salón, y allí tampoco estaba el arma.
Fastidiada y adormilada abrió los ojos con el ceño fruncido. ¿Dónde diablos estaba si pistola? Arrugó la nariz y alzó el brazo como si estuviesen apuntándola a ella cuando se encontró que John Turner estaba dormido, con la mitad de su torso sobre ella y rodeándola con uno de sus brazos.
Volvió a cerrar los ojos y maldijo.
-Shit. Bullshit -se corrigió e inspiró profundamente, analizando la situación, viendo como podría salirse de debajo de su ex compañero sin despertarle. Podría simplemente elevarse y dejarle caer violentamente al suelo para una perfecta insinuación de que lo que había pasado aquella noche no iba a cambiar en absoluto la relación que tenían, pero ni si quiera ella podía ser tan cruel.
La insistencia de quién llamaba a la puerta hizo que idease un plan deprisa, y se deslizó cuidadosamente por debajo del hombre, bajando al suelo, dejando sus rodillas sobre la alfombra. Sentía la pierna dormida hasta que el dolor de la herida despertó.
¿Cabía mencionar que estaba desnuda? No. Buscó con urgencia su ropa, encontrando solamente la camiseta negra de su acompañante y maldiciendo otra vez se levantó caminando con un evidente cojear, esquivando los muebles para dirigirse hacia la puerta mientras se acomodaba aquella camiseta que no era suya, y que por cierto, le quedaba mas bien grande.
Abrió el cajón del mueble de la entrada y sacó una 9mm. Comprobó que estaba cargada y se acercó a la puerta. No tenía mirilla, a lo que debería arriesgarse. O mejor, preguntar sin abrir.
-No quiero publicidad -advirtió con voz ronca.
-¿Hola? -respondió una voz varonil al otro lado de la puerta -Vivo en el 203. Ayer escuché algo de alboroto y creía que no había ningún inquilino en este apartamen..
Campbell abrió la puerta de un solo tirón tras girar el pomo y escondió el arma en su espalda.
-Vive alguien. Estoy perfectamente. ¿Algo más?
El hombre, de pelo rizado y voluminosa barriga enarcó las cejas y estudió a la joven de pies a cabeza. Un vendaje en la pierna, sangre seca y algún que otro signo de violencia en su cara.
-No -contestó con un nudo en la garganta -Bueno -intentó mirar hacia dentro -Si tiene algún problema, de la clase… Problema con mayúsculas -y susurró -diga buenos días.
La ex detective suspiró profundamente.
-Lárguese -y cerró de un portazo, dejando el arma sobre el mueble.
Mientras tanto, el hombre que había dormido en el sofá con ella se había despertado al sentirla moverse, así que había estado un momento intentando que el sueño se fuera, estirándose antes de incorporarse finalmente.
Echó un vistazo al lugar. De verdad estaba hecho un desastre; comida china tirada por ahí, la televisión seguía encendida en un canal de películas, ropa por todos lados, la alfombra y la mesa desordenadas… Buscó su ropa interior, su pantalón, y cuando fue a por la camiseta, no la encontró, por lo que una sonrisa pícara se asomó por sus labios; la disimuló bien, y anduvo con el torso desnudo hacia el pasillo que daba a la puerta del entrada, tomando a Campbell por sorpresa.
-I’d like my t-shirt back, y’know? –inquirió, alzando las cejas y extendiendo apenas una mano-. I feel like a stripper here without it.
Lo que acababa de decir no tenía sentido, y lo sabía; pero sí, quería la camiseta ahí y en ese momento, sin vueltas. Aunque, bueno, lo que en realidad quería no era a la camiseta, pero eso no iba a decirlo, por lo que simplemente se limitó a intentar no reírse.
Al principio, y tras recuperarse del momentáneo susto, Campbell había enarcado las cejas. Y pudo haber pensado en relacionar lo que le decía con lo que significaba, pero se mantuvo bastante ocupada analizando el torso desnudo de Turner con su habitual disimulo, típico de alguien que había vivido muchos años de su capacidad para fingir ser otra persona. Que luego había resultado ser así, pero no era ese el tema en cuestión.
Ladeó apenas la cabeza y sonrió al hombre que tenía en frente.
-That’s so cliche, Turner. Even coming from you -y recuperó la marcha y su cojera cuando hizo al hombre a un lado de un espetoso empujón, dirigiéndose a la cocina del apartamento.
Enredó los dedos en su melena al ver todo lo que había en el suelo, cosas que no eran suyas, y otras que si. Recogió el salero, el azucarero y el frutero para dejarlo sobre la superficie dónde debían estar, girándose después en busca de la cafetera. La localizó y sacó dos tazas de uno de los armarios de arriba.
-And where are you going now? -preguntó alzando por demás la voz, aunque al notarla otra vez ronca se aclaró la garganta.
-Hey, you can’t blame me for trying –había dicho John Turner antes de que la mujer se adentrara en la cocina.
Dio un par de pasos para seguirla, quedándose cruzado de brazos y apoyado contra el umbral de la puerta. Se pensó la pregunta. No había tenido mucho tiempo para considerarlo, pues todo había sido muy repentino. Un día eres un recipiente, al otro día no…
-I don’t know –alzó las cejas, y se rascó la frente mientras miraba el piso de la cocina; de verdad habían hecho un desastre en ese lugar-. Somewhere, I guess.
Ahora que lo pensaba, ¿qué iba a hacer de su puta vida? No tenía familia a la que acudir, y su trabajo ya había terminado hacía muchos años hasta donde sabía. Ese demonio realmente había llegado a su vida para cagársela, dejando un hueco de cinco, casi seis años, completamente perdidos, irrecuperables.
-I need to get a life –habló, y aunque hubiera sido una broma en otro momento, no lo era en ese. Realmente tenía que rearmar su vida por completo-. Demons exist, angels too… -hizo una mueca con los labios-. What the actual fuck –musitó. Había una parte de él que aún no lo creía.
-You can’t come with me if that’s what you’re thinking of -habló ella mientras servía ya el café recién hecho en ambas tazas. No tenía nada más, es decir, no había bollos, ni pastas. No había pensado que tendría invitados, acababa de mudarse. Que no la jodieran.
Le tendió el café a su compañero y tras dejar la taza sobre la larga superficie de la cocina apoyó los codos sobre la misma, estudiando al hombre silenciosamente. No, no valía la pena ni si quiera considerarlo. Le daría un par de consejos, cosas que probablemente ya sabría después de haber convivido con uno de esos hijos de perra durante tantos años. Y después le pediría que se marchase, porque la visita para nada de cortesía de aquél demonio le había recordado que seguía siendo un objetivo, y con él cerca..
Era sencillo, si no podían contigo iban a por los tuyos, y cuando se cargaban a los tuyos y estabas emocionalmente destrozado y la idea de rendirte te resulta atractiva, entonces, vuelven a por ti.
Y no iban a usar a Turner para destruirla, no solamente por ella, sino también por él. Ya le habían destrozado suficiente y no permitiría que volviese a suceder.
-I’m serious -añadió después de bajar la mirada y negar un par de veces -I know this sucks, and I know you didn’t want any of this.. But somehow, you can have a brand new start here. Get a wife, have your own children. You can live -resumió y volvió a negar cuando buscó sus ojos -I’m surrounded by shit. And I may drown in it, but I won’t let that happen to you.
Turner no respondió, principalmente porque todo lo que se le venía a la cabeza eran comentarios irónicos que joderían a Campbell, y por tanto empezarían la mañana a las patadas, literalmente. Así que John se encaminó hacia la mesa de la cocina, tomó la taza de café, asintió a modo de agradecimiento, y le dio un buen y largo primer trago; quizás si imaginaba que era algo fuerte, terminara surtiendo
si imaginaba que era algo fuerte, terminara surtiendo el efecto deseado, ¿no?
-How can you even think I can have a good normal life? –inquirió, alzando las cejas de nuevo, inquisitivo-. I mean, I never wanted that for me; but now I won’t be able to have it even if I wanted to –tomó asiento, dejó los codos en la mesa, y se tomó otro buen sorbo de café. Si tan sólo hubiera algo de cognac por ahí… Ron aunque sea.
-You don’t have to worry about me, I’m a big boy now, pal –la miró a los ojos, y sus comisuras se alzaron apenas en una sonrisa de medio lado-. I wasn’t planning on staying and ruinning your life full of… -giró la cabeza por un momento, y luego se volvió al frente- chinesse food, movies and creepy son of bitches comino around to kill you –otro sorbo de café-. Don’t freak out, I won’t be here for long, but thanks for caring.
Thanks for caring? Thanks for caring?. Ese hijo de puta tenía que estar de broma.
La frente de Campbell se arrugó notablemente y sus ojos se entrecerraron. ¿Que si estaba enfadada? Claro que lo estaba.
-I do care -dijo, despacio y pronunciando la palabra de tal manera que cada consonante sonase a la perfección -More than I’d like to. And you know me, Turner. And maybe, you know me better than I know myself. I wanna break every little and big stuff I find in this place and let all this rage out for what I did to you. Because it was my fault, rather you believe it or not. And I am.. -negó, bufando y agachando otra vez la cabeza, inhalando el aroma del café -I am sorry. To be honest, I don’t know exactly what to do right now.
Turner inspiró por la nariz armándose de valor, y finalmente extendió una mano para sostener una de las de Shawn. ¿Por qué necesitaba valor? Pues porque cada vez que demostraba afecto, ella tenía la habilidad innata de hacerlo sentir como un idiota. De todas formas, había acallado a esa voz que le gritaba que no lo hiciera, que no demostrara que le importaba.
Al fin y al cabo, nunca le había hecho caso a esa voz antes, no iba a empezar ahora.
-Hey… -le llamó, apretando la mandíbula. ¿Cuándo vendría el ladrido? Tenía que estar por venir. Seguramente cuando se percatara de que estaba tocando su mano, si-. It’s ok –le dijo John, en un susurro confidente-. I know it’s not much, and I don’t want you to take it the wrong way, Campbell; -movió un dedo, acariciando la piel de la mano de ella-. But I don’t blame you for non of this; it’s not your fault… And even if you believe it is… I forgive you.
Volvió a apretar la mandíbula, y esperó a que le saltara encima; si, el puñetazo tenía que estar por venir. O al menos la respuesta hostil, la mirada asesina… Todas esas herramientas que ella tenía para fingir que no le importaba, que era más fuerte que eso.
Pero la mirada asesina no llegó, ni a los tres segundos, ni los cuatro, ni los diez. Tampoco la respuesta hostil, y mucho menos el puñetazo. Lo que si llegó fue el interminable silencio. Los ojos marrones y verdes de Shawn estaban perdidos en la mano de Turner, esa que él había dejado sobre la suya, y sus pensamientos lejos de allí.
No. Cambio de planes, no podía dejar a Turner solo allí afuera. ¿Cuanto tiempo viviría? ¿Un mes? ¿Dos? Si realmente querían destrozarla usándole como cebo lo harían estuviese él con ella o no, por lo que enviarle a una muerte segura lejos de ella no era un plan, ahora que lo meditaba, precisamente bueno. Quizá hubiese una opción mejor.
Buscó sus ojos y al ver cierta inquietud en ellos, recordó que estaba aceptando una caricia suya y que probablemente eso estuviese sorprendiéndole, por lo que retiró la mano rápidamente y usó de excusa el querer tomar la taza de café para darle un sorbo.
En cuanto a lo del perdón; si, bien, quizá él lo hiciese. La cuestión era si ella podría perdonarse a si misma.
-I am part of a resistence -explicó tras saborear el café -It’s kinda hard to explain. There are people out there hunting demons, and all kind of supernatural creatures. I didn’t believe it the first time they told me so I won’t blame you if you don’t believe me. But it’s true. And I’ve been out of the game for a long while, dealing with some personal stuff. But I’m planning on coming back and get the big news. Maybe you could find a good place to land there. At first I thought I wouldn’t fit in a place like that, but then I realized I can be anywhere if there are bad guys and aim involved. And as far as I remember, you’re a detective, and a good one. That’s my offerre
Él atrajo el brazo hacia sí, cruzándolos por encima de la mesa, y terminándose el café en dos grandes sorbos más. Oyó a Campbell con atención, y finalmente asintió con la cabeza.
-God, why, I was getting used to the idea of being a stripper and now you want me to be a hunter? –bromeó, dejando la taza en la mesa, y sobándose la cabeza antes de carraspear, solía hacer eso cuando pensaba.
Era una especie de reto. Primero, acostumbrarse a un cuerpo cinco, seis años más viejo, con cicatrices que antes no estaban, y fuerza que no recordaba fuera tan suya. A eso se le agregaba hacerse a la idea de que los cuentos de terror no eran en realidad cuentos, que había una maldita horda de seres sobrenaturales ahí afuera, dispuestos a comerlos.
Y después estaba ella; hacerse a la idea de que se había perdido seis años de Campbell así como así no le gustaba en lo más mínimo. Incluso aunque el demonio que lo había poseído no le había quitado el ojo de encima a ella precisamente.
-The oceu guys –dijo él, asintiendo con la cabeza. Algo de información tenía; quizás no mucha, pues se había pasado mucho tiempo durante la posesión escondido en algún lugar de su propio inconsciente, rehusándose rotundamente a ver todas las cosas que el demonio había hecho.
Volvió a asentir con la cabeza.
-Guess that will do –entrecerró los ojos, aún pensativo-. First thing I’m gonna do is getting a fucking against-demons tattoo, though.
Sí, eso sonaba como un plan.
-I agree -contestó en un asentimiento la detective.
Se acabó el café de un sorbo y saliendo de la cocina acabando por darle la espalda a Turner sonrió para si misma. No estaba mal como stripper, aunque a John siempre le quedaba mejor tener un arma en mano vistiendo uno de esos clásicos trajes. ¿Qué iba a decir? Tenía un gusto peculiar con los hombres; y tan peculiar que solo se sentía atraída por uno hasta el punto de odiar lo que sentía. Bien, sumarle el lidiar con Turner a la gran larga lista de cosas por hacer.
De entre todo lo que había tirado en el salón, recogió sus pantalones y se los puso olvidando la ropa interior ¿Para qué? Si iría a darse una ducha en cuanto bajase al bendito sótano a girar la dichosa rosca que le diese agua caliente. ¿Por qué no lo habría hecho antes? Porque tenía la cabeza en otro lado, claramente.
Se quejó apenas por el escozor de su pierna y cuando estuvo abrochándose el pantalón, oyó el timbre. ¿Otra vez? ¿En serio?
Puso los ojos en blanco y negó hacia Turner, indicándole que ella se encargaba. Sería otro vecino preocupado por la seguridad de la nueva y supuestamente indefensa inquilina. El lado bueno era que al menos una cuarta parte de la sociedad estadounidense seguía teniendo un mínimo de sentido de la ayuda hacia los demás.
Llegó al recibidor de la entrada y como ritual recogió el arma, la llevó a su espalda y abrió la puerta de mala gana, aunque intentó disimularlo, repentinamente había olvidado su talento teatral.
-Qué -espetó sin pulgas, y fue a alzar las cejas pero no llegó a hacerlo, pues reconoció a quién estaba al otro lado de la puerta.
¿Como olvidar a alguien como él? No, a Zeon era imposible olvidarle, ni a él, ni a ninguno de los de su círculo. Apretó el arma en su mano y la alzó para dispararle, y sin embargo antes de llegar a apuntarle Zeon ya había apuntando la suya y apretado el gatillo prácticamente a quemarropa en la zona de su abdomen, silenciando mínimamente el disparo. La atrapó del cuello con una mano.
-Me encantan estas cosas ruidosas ¿A ti no? -y se despojó de ella lanzándola hacia atrás. Campbell cruzó todo el pasillo hasta caer en el salón principal -You can come in, Zeon. Oh thanks, so kind of you -puso dos tonos de voz diferentes, fingiendo una conversación que debería tener con la anfitriona de la casa y cerró tras de si cuando entró -Am I soon enough for breakfast?
Oh, shit, dijo una voz dentro de la cabeza de John Turner, pues aunque hubiera estado poseído por los últimos años, no significaba que no hubiera prestado atención a nada de lo que ocurría a su alrededor. Quizás había intentado pasar por alto las más horrendas cosas, pero había algunas que no se podían olvidar y ya… Que no se escondían simplemente ocultándose en alguna parte del subconsciente de tu propio ser, dejándote al olvido.
No… Esa voz no era de las que se olvidaban.
A Turner se le hizo la piel de gallina al reconocer la voz de Zeon no muy lejos de allí, luego de haber disparado algo que no podía haber terminado de otra forma que con Campbell herida. Mier-da. Tenía que pensar rápido, y eso hizo.
Salir corriendo hacia el pasillo y hacia su compañera sólo le hubiera garantizado un balazo a él también así que, en lugar de eso, se incorporó sin hacer ruido, y caminó por la cocina hacia la puerta, pero sin traspasar el umbral, y deteniéndose en el la mitad del trayecto para recuperar algo que se había caído la noche anterior y nadie se había molestado en tomar: el control remoto del bendito equipo de música.
¿Funcionaría con un demonio de alta gamma como era Zeon? Esperaba que sí, porque eso y un cuchillo de plata que acababa de robarse de la cocina de su compañera venían siendo las únicas opciones. Estaba en el horno; realmente estaba jodido.
Encendió el equipo de música, y cuchillo en mano salió en busca de Campbell, abandonando su lugar “seguro”, si es que ese departamento tenía un lugar seguro. Y simplemente se encomendó al Dios en el que no creía, esperando que el texto en latín recitado por la voz de Campbell diera resultado, mientras se agachaba a su lado para tomarla en brazos. Si funcionaba, podrían salir de allí en cuanto antes; porque no iba a quedarse a ver nada de lo que fuera a pasar a continuación, y ella tampoco.
-Gotcha –murmuró a su compañera, queriendo tranquilizarla de alguna forma. Una estúpida, absurda forma considerando las circunstancias.
En efectivo, lidiar con el demonio que había poseído al ex detective John Turner no era ni por asomo lo mismo que enfrentarse a uno como Zeon, quién era inmune a la mayoría de basura que cualquier cazador pudiese usar contra él.
-Seriously? -preguntó el demonio con ambas cejas enarcadas -I’d rather some pop song, though please, don’t let it be that little disney gay. Bieber was? Bieber was -giró la cabeza apartando sus ojos de la escena dónde se encontraban ambos detectives para fijarse en el equipo de música.
Uno que petó tras un momentáneo pero letal cortocircuito, echando varias chispas. El exorcismo dejó de escucharse y Zeon pudo volver a concentrarse en los jóvenes nuevamente.
No le gustó ver que Turner se disponía a levantar a Campbell en sus brazos, así que puso remedio. Movió la mano como quién quiere deshacerse de una mosca y fue suficiente para que el detective saliese disparado hacia el otro lado del salón, dándose un impetuoso golpe contra una de las paredes; y podría haber caído al suelo y llevarse otro, pero alguna fuerza le mantuvo allí maniatado, como si cuerdas invisibles le arropasen.
-Where were we before your little bug got in the middle? Ah. Yes -fingió recordar abruptamente -I was about to kill you. So many things going on lately, if you know what I mean -avanzó hacia Campbell y se detuvo a un lado de su cuerpo, dando la espalda a John. La observó. Tenía ambas manos sobre la herida y veía al techo sin realmente ver, pero que girase la cabeza para mirarle a él le hizo sonrír -Hey. How you doing there? Ready to say goodbye for a while?
-Whatever… it is.. you want from me -dijo despacio para poder vocalizar, Campbell -you won’t get it. Things changed.
-Things changed she says -levantó el pie y pisó con la suela la herida de la bala, sin importar si Campbell tenía o no las manos sobre ella.
-Stop that! –bramó el que había pasado a ser una decoración más de la pared al parecer.
Apretaba las manos en puños, intentando zafarse con todas las fuerzas que tenía, pero aquello era mucho más poderoso de lo que él podía llegar a ser capaz de vencer. No había caso, no saldría de ese truco hasta que Zeon lo quisiese así, aunque eso no le impedía gritar, maldecir, y seguir intentando.
-Son of a bitch, get away from her! –soltó Turner, sin ningún tipo de intención de callarse, y mucho menos de rendirse. Algo estúpido, sí, considerando que él había estado del otro lado, del otro bando, y había visto lo que era capaz de hacer Zeon.
Sí, quizás eso de probar con el equipo de música le había hecho ganarse el premio al idiota del año.
-I love the background -le dijo Zeon a Campbell, sin molestarse a hacerse escuchar por encima de los gritos rabiosos de dolor de ella y la furia desencadenada del joven Turner -Don’t you? Your guy is a hell of a man. It makes my job more pleasant -retiró el pie para dejar a la detective recuperar la voz y el aliento, pero si se ahogaba en su propia sangre ese era un problema de ella.
Se agachó, poniéndose en cuclillas a su lado.
-You’ve been a bad girl. A really, pain in the ass, girl. And I was running out of patience. And you know what happens when someone like me runs out of patience? -alzó otra vez las cejas -That I do crazy shit -aún tenía el arma en la mano, y apegando el cañón al hombro de la mujer apretó el gatillo. Siseó como una serpiente, fingiendo que se contagiaba del dolor cuando Campbell gritó -That hurt. Between me and you. Hey, hey, stop screaming, the king is talking -con la otra mano buscó su barbilla para girarle la cabeza hacia él y que le mirase a los ojos -He’s gonna hear you scream. And hell we both know I can make you cry. You run away from dad? Dad goes mad.
-No! –gritó John Turner, y aunque le hubiera gustado contenerse, apretar la mandíbula y no dejar notar su desesperación, le fue inevitable que su rostro se crispara de dolor, de angustia y rabia; la misma que se había apropiado también de su voz, y de los golpes que sus brazos hubieran dado contra la pared de haber al menos podido separarse de la misma un par de centímetros.
Apretó más los puños. Ok, eso era. Iba a matar a ese hijo de puta en cuanto tuviera la posibilidad.
Le había cagado la vida a él, y estaba bien, no iba a andar buscando venganza por haberle quitado cinco años de su vida, y obligarlo a ver cosas horribles; pero ese demonio rubio, morboso y soberano hijo de puta había cruzado la línea en el momento en el que se había metido con Campbell directamente
-Get the hell away from her, you freak! –bramó Turner, y que Dios lo ayudara pero no iba a descansar hasta acabar con ese ser. No sabía cómo, pero lo haría; porque no había versión de la historia en la que Zeon ganara; no había final en el que él siguiera atormentando a su compañera por el resto de su vida. No iba a pasar.
Aún estaba trabajando en cómo impedirlo, eso si.
Shawn no sabía si le dolía más todo lo que Zeon estaba haciéndole sin contemplaciones ni remordimientos, o el hecho de que Turner tuviese que verlo. ¿Por el sufrimiento que le causaría? En parte, pero probablemente, lo que más la hería era que él la viese tan débil. Tan vulnerable. Era la única defensa a su favor, su fuerza, su hostilidad, su rechazo a todo. Zeon no solo estaba destrozándola físicamente, sino que estaba además destruyendo todas sus barreras.
-Listen to me -Campbell no suplicó, solo urgió que le escuchara -You.. don’t wanna do this. You wanna know where I’ve been all this time?
-Oh -Zeon apoyó un codo sobre su rodilla y después la barbilla sobre la mano, en una postura casual -A story. I love stories.
-I found.. out what was going wrong with me and I fixed it. You can’t have me now. I am human.
-Boring -el demonio se puso en pie e hizo malabares con la pistola. Un juguete entretenido, le resultaba fascinante poder matar a un ser humano con las armas que ellos pretendían usar contra él. Un golpe bajo, si, pero con clase -I’m gonna be a gentleman and gonna let you say goodbye -curvó los labios en una mueca y se encogió de hombros -I have a heart afterall.
Maldita sea, ¿Es que no iba a escucharla? Ahora empezaba a asustarse. Por si la sangre que ya estaba perdiendo y el miedo que ya sentía no fuesen suficiente. Campbell miró hacia John y no supo que dijeron sus ojos, si lo que ella quiso decir o todo lo contrario. Pero quiso disculparse. Y quizá, una parte de ella, quiso aceptar en ese preciso momento, allí y ahora, lo que sentía por él. Quizá no hubiese otra oportunidad para hacerlo.
La rabia contenida estaba manifiesta en Turner desde donde se lo mirase. La mandíbula extremadamente tensa, los labios fruncidos, el ceño y la nariz arrugados, los puños cerrados; todos y cada uno de sus músculos hacían fuerza para escapar de esa trampa en la que estaba metido, golpeándose con una pared invisible cada vez que pretendía salir hacia delante, hacia ella; pero seguía intentando. Mierda; iba a morirse intentándolo si llegaba a eso.
Los ojos de Campbell dijeron lo que ambos sabían, pero ninguno se había atrevido a decir jamás, y probablemente nunca dirían. Él negó con la cabeza, rogándole que no le mirase así, porque si lo hacía, significaba que estaba pensando en rendirse, o siquiera considerando la posibilidad de que ese fuera el fin.
Y no podía ser ese el fin, porque acababa de volver a ella; no podían simplemente quitársela. ¿Qué clase de estúpidos eran los que jugaban con su destino y el de ella de esa forma? No podían hacerle volver, hacerle creer que estaría con ella como en los viejos tiempos y… arrebatársela.
-Hold on there, Campbell, for Christ’s sake –dijo entre dientes el hombre. Sus ojos estaban rojos, y juraría que también lo estaba el resto de su cuerpo, cansado de hacer fuerza contra esa que era invisible a los ojos.
-The poor guy’s gonna tore himself apart, right? -negó Zeon con la cabeza, observando a uno y al otro como si estuviese en una sala de cine admirando una buena película -Anyway. I loved the moment but now, let’s focus on the important stuff -incorporado y en frente del cuerpo tendido de Campbell apuntó una vez más el arma hacia ella -Where do you want it?
Un suspiro silencioso. Irrelevante pero en cierto modo, cabía decir que la mujer lo intentó. Inspiró, buscó fuerzas para levantarse pero no las encontró. Apenas pudo enarcar la espalda.
Estaba agotada, tenía frío, y una parte de ella quería que se acabase. Pero era tan pequeña esa parte, tan mínima. Era una luchadora, bajar los brazos nunca había formado parte de ningún plan.
Enfocó la mirada en los ojos de Zeon y después de que los labios le temblasen levemente, los separó para pronunciarse.
-I hope you burn in hell.
La expresión del demonio se alteró levemente.
-You hope? Honey, this is the apocalypse. Hope is bullshit.
Prácticamente dibujó la cínica sonrisa antes de apretar el gatillo, una sonrisa que se amplió cuando volvió a hacerlo, y que se volvió enfermiza en el tercer disparo.
Dos tiros sobraron, pues realmente el primero ya hubiese bastado. ¿Pero qué iban a decirle a alguien como él? No era cuestión de exactitudes o requisitos; era cuestión de juego.
Bajó la pistola y se acercó dos pasos, observando desde arriba la mirada vacía de la detective. Pareció quedarse allí perdido en algún pensamiento, pero repentinamente se dio media vuelta y alzó ambos brazos, separándolos de su cuerpo.
-And Zeon happens -sonrió a Turner, acercándose a paso decidido hacia él -You liked it? Leave your nasty human feelings aside and say it. I’m God -hizo una pausa -See what I did there?
Los ojos de Turner también parecieron vacíos por un momento, como si fueran los de Campbell, pues ver sin ver era definitivamente mejor a observar al cuerpo de su compañera tendido en el suelo, sin vida. Eso no estaba pasando, no podía ser cierto; el destino no podía ser tan cruel como para jugarle esa mala pasada. No podían dársela y quitársela así.
Los sentimientos no afloraron, al menos no los melancólicos y angustiantes que podrían haberlo embargado de no ser porque no se lo permitió. Sólo hubo ira cuando vio a Zeon a los ojos, porque sí, se atrevía a verlo a los ojos; y se atrevería a plantarle cara de no ser porque estaba empotrado a una pared como si fuera una maldita repisa para los adornos.
-You made me a vessel for years, used my body for your shit as if I were some kind of slave, ruined my life entirely, killed almost everybody that I liked, and I’m sure if I had a family, you would have killed them all too… –habló entre dientes, colérico. La sien se marcó, al igual que la vena de su cuello-. But this… -señaló el cuerpo de Campbell acostado-. You are a freaking piece of shit that has gone way too far –quiso soltarse de nuevo, sin ningún resultado más que rabia, y más rabia-. You don’t get to mess with her and live to tell the story, son of a bitch… I don’t know how, but I’m gonna fucking kill you.
Las carcajadas de Zeon no se hicieron esperar.
-Oh… Will you buddy? I bet you’ll try. But we both know you won’t get to -se encogió de hombros -Why so serious anyway? So dramatic. Been there, done that… Don’t you remember? You’ve been in this same situation a few times. We know how is this story going to end… With her, waking up out of breath and me having fun killing her over and over again. A demon needs some revenge sometimes, and what she did -chasqueó la lengua, negando a la par con la cabeza -Hiding from me all these months. That wasn’t cool partner -alzó una mano para darle un par de bofetadas, de hombre a hombre. O mas bien, de demonio a ex recipiente -What Campbell did to you… Think about this. You’d have better if you stayed the way it’s been all these time. Possessed, out of chances. Watching the movie from inside. But now? -negó -Now you’re here and it’s quite funny because you still can do nothing but see her die. The little difference here is It’s you now, detective. It’s you who’s leting her die -asintió con los labios frunciso y arrugó apenas el ceño -Man, I love my job.
Pero el demonio no estaba tan contento como aparentaba, y es que al girarse para estudiar el cuerpo inerte de la detective Campbell no vio cambio alguno. Ninguna de sus heridas se había cerrado, y en lugar de recuperar color, seguía perdiéndolo segundo a segundo.
Si bien la rabia estaba presente en Turner desde donde se lo mirase, había un solo lugar en donde ésta no predominaba, y era en sus ojos. No. Sus ojos no miraban a Zeon con furia, sino con aborrecimiento; odio. Sí, así era; odiaba a ese ser despreciable con todo lo que era y llegaría a ser. Porque le hacía sentir desgraciado, un completo inútil.
¿Qué caso tenía estar de vuelta si no podía cuidar de ella? Lo único que había cambiado era que había un demonio menos sobre la fase de la tierra, y eso no era ni siquiera seguro, puesto a que quizás ya estaría en otro recipiente vagando por ahí. Pero a Campbell no le había hecho diferencia alguna que John hubiera llegado, ¿o no? Era lo mismo que él estuviera ahí como si no.
Es más, se hubiera atrevido a decir que incluso Shawn hubiera preferido estar sola, para no sentir que estaba demostrando debilidad frente a alguien que no fuera Zeon, quien bien merecidas se tenía las miradas de respeto, odio y miedo.
-Why isn’t she healing? She should be healing –soltó Turner, clavando sus ojos en el cuerpo de Campbell tirado en el piso.
Sí, iba a dejar las maldiciones y las discusiones con un demonio que fácilmente podría partirle el cuello porque había algo más importante que su odio hacia él en ese momento, y era que Shawn no daba señales de haber reaccionado a su muerte en lo absoluto. No señales buenas, al menos.
Y John había contemplado, más bien el demonio que lo poseía pero venía a ser lo mismo, el proceso de volver a la vida de Campbell. Había algo que no estaba bien.
-Son of a bitch, what the fuck did you do? –apretó los dientes, y de nuevo forcejeó con la pared invisible, con el mismo resultado nulo de siempre.
No lo sabía. Esa era la verdad, y a Zeon no le gustaba no saber las cosas. A paso firme se acercó al cuerpo de Campbell y la estudió desde arriba una vez más. No, no había señal de regeneración alguna, no estaba recuperándose. Incluso, ahora que se detenía a estudiar la situación debidamente, tenía la sensación de que su alma ni si quiera estaba ya allí.
-Fuck this shit. I hate bad days at work. Now I gotta do the dirty damn work.
Sus ojos se volvieron negros y cerró la mano derecha en un puño.
El cuerpo de la detective se alzó levemente, o eso pareció, pero en realidad lo único que sucedió fue que su espalda se enarcó notablemente. Las cinco balas, de los cinco disparos abandonaron el cuerpo dejando una herida abierta que pronto se cerró. Las balas cayeron al suelo.
Y antes de si quiera poder recuperar el color, Shawn Campbell abrió los ojos a la par que separaba los labios y buscaba aire desesperadamente.
-Oh you’re such a bitch. Aren’t you?
El demonio no estaba de buen humor. Ni por asomo. Se suponía que ella era la primera de los manchados, la clave para su pequeño pero letal ejército. ¿Y ahora no podía volver de entre los muertos después de haber sido testigo de sus tantas resurrecciones? Que no le jodiera.
-I’m freaking out here -levantó los brazos, para que los dos presentes le escuchasen. Estaba furioso, mejor dicho -Where is my inmortal human hybrid? Huh? -apretó los dientes, tensando la mandíbula y levantó a la mujer que aún estaba recuperándose o aceptando todas las emociones y sensaciones que la invadían. Presionó contra su tráquea sin miramientos -What happened to you, sexy freak?
El mentón de Shawn tembló. Había llevado las manos hacia la de Zeon. ¿A caso le había devuelto a la vida para volver a torturarla? No, eso no pasaría. No otra vez.
-Right away, you son of bitch.
Levantó la rodilla y golpeó el estómago de Zeon, consiguiendo así liberarse. Sintiendo un temblor en las piernas cuando sus pies tocaron el suelo intentó mantenerse en pie y no trastabillar. Sus ojos llenos de esa luz castaña y verde de nuevo buscaron los de John. Si, allí estaba, seguía allí. Y vivo.
Cerró el puño y golpeó la mejilla del demonio, ganando distancia, así pudo dar dos zancadas hacia su derecha y recoger el cuchillo de plata que se le había caído a Turner, quién por cierto fue liberado de esa fuerza que le retenía en cuanto el demonio bajó la guardia.
La potencia con la que había estado luchando contra el muro invisible se vio reflejada cuando la pared desapareció, los pies de John Turner tocaron el suelo, y sintió todos los músculos de su cuerpo dolidos, como si hubiera estado intentando mover un maldito edificio con las manos.
-Thanks –dijo Turner, quien ya se encontraba junto a su compañera-. I was fucking tired of being a wall decoration, y’know? –intentó bromear, pero mierda que no le salió ni sonreír. La había visto morir, y revivir como si nada, ésta vez no producto de su inmortalidad, sino gracias a una manito de Zeon. ¿Qué había sido eso? ¿Por qué no había revivido como hacía siempre? Se lo hubiera preguntado; pero había una cuestión tiempo-lugar: no era el momento ni el lugar indicado.
-So, any ideas? –inquirió, alzando las cejas y mirando de reojo a Shawn. Se veía bien para alguien que acababa de volver de los muertos; pero, hey, ella siempre se veía bien así que no contaba, ¿no?
-Some -contestó en voz baja y deprisa Shawn, pues Zeon ya estaba devolviéndoles la mirada a ambos; y no preocupado precisamente. Ese hijo de perra sabía que no podían vencerle, y odiaba esa clase de actitud. Nunca nada la había podido a ella, y él no sería el primero.
-That’s a bad attitude -Zeon alzó un dedo y negó con él -I was having fun.
-Well, the party is over -mientras no apartaba los ojos del demonio, Shawn estaba haciéndose un corte en el dorso de su brazo -Sorry not sorry.
Cuando acabó, lanzó el cuchillo con todo el ímpetu que encontró y fue el suficiente para que la daga encontrase un violento descanso en el pecho de Zeon. Fue entonces cuando ella, tomando con fuerza la mano de Turner se dio la vuelta para enfrentarse a la pared, y pasando los dedos por el corte para llevarse la sangre dibujó un símbolo en la misma.
Cuando acabó, pronunció en voz alta.
-Liberum umbra ejicere.
No se escuchó grito alguno, solo un ligero silbido. Una luz nació en el apartamento, una que desde aquellas calles bajas de Cincinatti seguramente pudo verse sin problemas.
Cuando la luz se desvaneció, Zeon también lo había hecho.
Turner se quedó boquiabierto. Había cerrado los ojos cuando la luz había hecho su aparición, y ahora que no estaba, volvía a ver hacia el lugar donde segundos atrás se había encontrado el demonio más hijo de puta que había conocido en esos cinco años de andar entre ellos.
-Oh, really? –le dijo a ese lugar vacío, como si Zeon estuviera allí todavía-. That shit makes him go away, but the fucking exorcism doesn’t? That’s bullshit… -se giró hacia Campbell, y cuando sus ojos vislumbraron el corte relativamente profundo en su brazo, y el hecho de que había muerto hacía un rato, de manera inmediata llevó un brazo para rodearla por la cintura, como si creyera que ella fuera a caerse redonda al piso de un momento a otro-. You getting hurt everyday… Well here’s something new –bromeó, sonriendo de medio lado a Campbell; y luego recordó algo-. You really need to make this place safe; y’know, against son of bitches like him. ¿Cabía mencionar que estaba considerablemente cerca de ella? Sí. Y que lo demandaran. O lo golpeara; fuese cual fuese.
Campbell estaba cansada, no era para menos. Y no estaba para bromas, eso también resultaba obvio; para el mundo entero, excepto para John, aparentemente. Pudo haberle aniquilado con una intensa y hostil mirada, alejarle de un empujón y ser tan arisca como le fuese posible, pero no lo hizo. Si enarcó las cejas cuando ladeó una sonrisa y estiró más el cuello al querer entornar los ojos hacia él para verle. Le sacaba un palmo en altura.
-I will. What hurts the most is I payed already the first months -miró a su alrededor. El apartamento estaba por caerse a pedazos -Two months for this shit.
Buscó nuevamente su mirada y lo primero que se le vino a la cabeza fue defenderse. ¿De qué? Pues de la mirada que le había dedicado antes. Esa mirada con la que pretendió decirle que le quería, tendría que lidiar con eso o de lo contrario, arreglarlo. Pero tampoco hizo eso, así como antes no le había mirado como felino agresivo.
-Are you okay? -murmuró.
John había fijado los ojos en el lugar donde segundos atrás había estado Zeon. Parecía sumido en sus pensamientos, en algún lugar oscuro dentro suyo, uno muy alejado de la realidad, porque cuando oyó el murmullo de Shawn, apenas pudo parpadear, y ni que hablar de mover los ojos para verla.
¿Estaba bien? No, no creía estar muy bien.
-I am –mintió descaradamente el hombre, girando la cabeza hacia ella, para sonreírle de medio lado una vez más a Campbell. Sus ojos se clavaron en los de ella, esos marrones con luces verdes que siempre le habían gustado. El corazón de él se aceleró, y él maldijo para sus adentros, separándose de ella, apartándose y haciendo de cuenta que comenzaba a levantar el desastre que había quedado en la sala.
Sí, es una buena coartada, idiota, dijo algo dentro suyo, y tuvo que contener la rabia. Muchos otros sentimientos se hicieron de John Turner, y recuerdos, muchos recuerdos… Pero no se lo había imaginado, ¿no? Esa mirada de ella, no había sido imaginación suya, no podía ser, simplemente porque él no era capaz de imaginar algo tan bueno; nunca había tenido mucha cabeza para esas cosas.
Turner apretó los dientes, dejó los adornos que estaba juntando en el suelo, y se incorporó de repente, volviendo sobre sus pasos. No pidió permiso cuando tomó a Campbell por la cintura y el brazo que tenía bueno, girándola sobre sí misma y atrayéndola hacia él. La rodeó con un brazo, aprisionándola, y su otra mano viajó hasta el cuello de la detective, con sus dedos en la nuca de ella.
La miró a los ojos, y sonrió de medio lado.
-Shut up –dijo antes de besarla, pero no porque la deseara y ya, sino porque la quería. Se querían, lo sabían, y como el que llevaba los pantalones seguía siendo Turner, había cosas que le correspondían sólo a él.
A Shawn aún le faltaba aire, o esa sensación tenía. Pero cuando John la besó, sintió todo lo contrario a lo que se esperaría lógicamente, es decir, que le faltase más; no, notó que le regresaba todo el oxígeno que había perdido, y que por mucho que lo odiase necesitaba esos brazos, esos labios y su presencia para calmarse.
Morir, vivir, sangrar, se había vuelto una costumbre y ella quería adaptarse a esa rutina cuanto antes, para que llegase un punto en el que dejase de doler. En el que lo bueno fuese lo inesperado y lo malo lo habitual, una estrategia que probablemente funcionase mejor que el echarse a llorar por las noches antes de dormir. Esa nunca le había funcionado a ella, y por eso nunca la puso en práctica.
Sintió un dolor placentero en el pecho, ese palpitar abrupto y subió un brazo para dejar la mano en la nuca de Turner, buscando más cercanía de la que ya había, y después subió el otro brazo para acabar colgándose de su cuello. Estaba abrazándole, eso era lo que hacía.
¿Qué tan desconcertante podía llegar a ser que Shawn no lo hubiera sacado de un plumazo? Bastante, porque a John le llevó un par de segundos comprender que, de hecho, esos brazos alrededor suyo estaban abrazándolo, y no pretendiendo apartarlo.
Sonrió contra los labios de ella, y ladeó la cabeza, profundizando el beso, atrayéndola más hacia sí de ser posible, y levantándola con un brazo, dejando los pies de Campbell a un par de centímetros del piso, pues eso era mucho más cómodo que estar agachando la cabeza hasta donde ella estaba.
Volvió a sonreír ante ese pensamiento, y la mano que estaba en el cuello de Shawn subió hasta su mejilla, acariciándola con la punta del dedo pulgar con cariño. Él no era de los que escondían lo que sentían, muy contrario a ella quizás. Él podría haber sido un buen detective, un buen actor, pero eso no se aplicaba a su vida personal; ocultar lo que le pasaba por la cabeza no era lo suyo, a no ser que fuera extremadamente necesario.
-Try not to die again, okay? –inquirió, separándose apenas unos centímetros de ella, y buscando su mirada al mismo tiempo que alzaba las cejas.
La sonrisa de Shawn fue natural, sus ojos devolviéndole la mirada a los de él. Ya no había ninguna duda, solo John Turner podía hacerla sentir calma y segura después de que un tornado hubiese sacudido una vez más su vida y su apartamento en un sentido más literal. Quizá ya era demasiado tarde para seguir negándoselo.
-Well.. -imperceptiblemente ladeó la cabeza -You know, that’s my thing I guess. I haven’t done anything else for the last months than die over and over again. May be selfish coming from me but hey, you are the one who wants to stay, so you better deal with my crap detective -una de sus manos se posó en la barbilla de John, y su dedo pulgar acarició el labio inferior de él -Now, mr kisser, you better let me go and help me pack my stuff. We’re so fucking leaving right now. There’s a whole resistence waiting for us.
Las comisuras de los labios de John Turner se alzaron de lado a lado, e incluso una especie de gruñido muy parecido a una risa baja se atrevió a incordiar a su garganta.
-First of all –dijo, dejándola en el piso de nuevo, aunque no por eso soltándola; no, la tenía bien abrazada contra sí, sólo por si se le ocurría escabullirse-; by “stuff” I hope you mean the two, maybe three, things you own that haven’t been crushed, slapped or have fallen to the floor in the past twenty-four hours –bromeó, riendo por lo bajo de nuevo. Sus ojos seguían fijos en los de ella-. Second of all… resistence you say? –alzó una ceja-. Be right back with that in a moment –hizo una pausa-. Last but not least: ex detective, you mean. Because once I knew a detective called John Turner, but he would be freaking out due to all of this shit so… -apretó la mandíbula, dio un corto beso a Campbell en los labios, y la soltó finalmente, poniendo manos a la obra; había cosas que guardar-. Resistence? –insinuó, volviendo a sacar el tema-. We are going where exactly, smartass?
-Honestly? -Campbell se revolvió la melena hundiendo los dedos de su mano derecha en ella -I’m not sure. But I think the main base is in North Carolina. I’ll get a good adress, don’t worry about that. There’s a black bag in the wardrove -señaló hacia una de las habitaciones dispuesta en el pasillo principal del apartamento -It’s all I need to take. I’ll get the other less important stuff -y eso era su teléfono, su portátil que gracias a dios había sobrevivido a las dos peleas y seguía intacto sobre la mesa redonda y más grande del salón.
Tenían que marcharse cuanto antes, lo que había conseguido con Zeon no les daría una ventaja eterna, aquél hijo de perra volvería y para cuando lo hiciese, tendría que estar preparada. Estaba segura de que había despertado muchas preguntas en él, y que no ser inmortal no significaba que ya no la necesitasen.
-And Turner -llamó, alzando la mirada para buscarle -Whatever it is we have… Don’t you dare to give it a name. I’m not into love basics crap.
Que entendiese con eso lo que él quisiese, pero ya lo había soltado. ¿Que eran algo? Evidentemente.
Él volvía mientras con la dichosa bolsa negra, esperando a Campbell en el pasillo que daba a la salida del departamento con los brazos cruzados, una ceja alzada sobre la otra, y una sonrisa de medio lado. Le dio un vistazo general al lugar; de verdad había quedado hecho mierda. A los dueños no les iba a gustar nada, así que mejor era ponerse en marcha, porque podía plantearse luchar contra demonios, pero con la gente tendría la misma poca paciencia de siempre, y les sacaría a volar a todos de una patada si le jodían.
John esperó a que Shawn estuviera de camino a la salida para hablar.
-Campbell –intentó no sonreír demasiado-; ten bucks say you’ll put a name on it first –y salió por la puerta del departamento. ¿Hacia dónde? No tenía idea, pero tenía que comenzar a hacerse idea de las cosas rápido, porque evidentemente su nueva vida no le daría tregua, y él no iba a cambiar lo que tenía por algo normal, ya lo había dejado en claro.
SACRED BLOOD | SEASON THREE

I need to hear you say
That I love you
I have loved you all along
And I forgive you
For being away for far too long
So keep breathing
‘Cause I’m not leaving you anymore
Believe it
Hold on to me and, never let me go

CHAPTER X. FEAR THE DEVIL
Cincinnati, Ohio.
-Soy consciente de que el barrio no es precisamente el más seguro de la ciudad, pero usted me ha pedido algo sencillo y lejos del centro. Es la mejor oferta.
¿Mejor oferta? Antes de entrar en el apartamento que estaba en alquiler ya tuvo la sensación de que iba a caérsele el edificio encima. Pero no había mediado palabra. Estaba cansada, había dormido en moteles las últimas tres noches y necesitaba soltar sus bártulos en un sitio que pudiese sentir seguro. Y si no lo era, ella haría que lo fuese.
La joven de la inmobiliaria se detuvo en el centro del living room. Un viejo sofá, un televisor, muebles desgastados. Campbell prestaba más atención a cuántos compartimentos tenían que al estado en el que estaban.
-Sé que no es gran cosa -volvió a hablar la rubia que vestía un traje de americana y falda de un tono grisáceo -Pero por el precio que me ha exigido y las condiciones del contrato, es lo que necesita. Tiene lavandería comunitaria en el sótano, por eso no hay lavadora.
Observó con el ceño fruncido a su cliente abrir uno a uno los cajones del mueble que tenía una cristalera dónde podrían ponerse objetos de decoración, y quizá algunos libros. En su opinión, esa mujer estaba falta de un par, o quizá tres tornillos. No solo estaban en guerra y quería alquilar un apartamento en una zona cruzada, sino que decidía buscarlo en uno de los barrios con más crimen organizado de los Estados Unidos. ¿Sería alguna agente encubierta? Tenía pinta de detective.
-¿A qué me había dicho que se dedicaba? -preguntó la de la inmobiliaria.
-No se lo he dicho -contestó Shawn, y humedeciéndose los labios miró a los ojos a la rubia -¿El alquiler es a cobro domiciliado?
-Si. El dueño del piso se mudó a Hawaii, y la gestoría se encarga de los cobros.
-Bien -Campbell se descolgó la bolsa negra y dirigiéndose al sofá la lanzó despreocupadamente, volviéndose una vez más hacia la agente inmobiliaria -¿Dónde tengo que firmar?
El microondas pitó cinco veces hasta que Shawn abrió la puertilla y sacó el pedido de comida china. Con el mismo aún en las manos se volvió hacia la superficie de madera y buscó en la bolsa que había traído el repartidor los cubiertos de plástico.
Sacó del congelador la cerveza bien fría, como le gustaba, y se dirigió al salón dónde tomó asiento en el centro del sofá. Subió los pies a la mesilla de centro después de dejar en ella la cerveza y entonces probó el primer bocado del arroz tres delicias, alcanzando el mando a distancia para subir volumen a la televisión. No se molestó en hacer zapping, dejó aquella película policíaca.
Sintió otra vez el escozor en su antebrazo, y por esa razón se miró el vendaje que lo cubría. Para calmar el dolor cerró los ojos, y se sintió en paz. Nada la acechaba, ni una sola imagen ajena. Ningún dejavu. Ningún susurro. La única jaqueca que la atormentaba ahora era esa causada por todo el sueño que debía recuperar. ¿Por qué no se echaba a dormir en vez de seguir dándole vueltas a la cabeza o perder el tiempo viendo películas que ya había visto? No lo sabía. Quizá, el miedo de caer rendida y no estar en guardia, el miedo de que volviese a acecharla la esencia de Azrael.
Debía convencerse de que había terminado, de que lo había conseguido, y que si quería volver a ser útil para su país y la resistencia, tendría que recuperarse al cien por cien, sin ataduras psicológicas, sin regresiones al pasado. Solo ella.
Un toque a la puerta en el medio de la noche, salido de la nada, y sin ningún indicio de quién pudiera tratarse pues Campbell no le había advertido a nadie aún de su paradero, hubiera sido demasiado estúpido, hubiera levantado sospechas de la detective, y ya comenzarían la velada mal parados. Tampoco hubiera sido inteligente un llamado de algún conocido de Campbell, pidiendo reunirse con ella en algún bar cercano, o algo por el estilo. Después de todo, a esa mujer no la llamaba nadie en mucho tiempo, ¿no? También hubiera sido idiota, y levantaría sospechas.
En cambio había una que era el elemento sorpresa, el clásico de los clásicos: la de aparecerse sin avisar, forzando alguna entrada del departamento con sumo cuidado y extremo silencio, aprovechando que el sonido alto de la televisión era su aliado.
Un hombre fortachón ingresó en el departamento que la detective acababa de alquilar, y anduvo por el pasillo que daba hacia la sala en la que ésta se encontraba, por detrás suyo.
Una fuerza sobrehumana levantó a la mujer del piso, arremetiéndola contra la pared más cercana, y el de ojos negros sonrió al verla caer al piso.
-Campbell, Campbell –canturreó él, de espaldas a la mujer, echándole un vistazo a la fachada del lugar-. ¿Departamento nuevo, comida china, películas, y todo eso sin protección contra demonios? –negó con la cabeza mientras chistaba, y se giró sobre sí para que sus ojos negros se encontraran con los de Shawn-. Qué descuidada te has vuelto.
Definitivamente, aquello Campbell no se lo había visto venir. El impacto fue tremendo, pero en situaciones peores había estado y golpes peores se había llevado, así que en cuanto el mareo se redujo y pudo ladear la cabeza para enfocar su mirada, alzó la vista hacia quién la había ataco, con la mandíbula tensa y planeando un contrataque. O eso quiso hacer; pero se le heló la sangre al reconocer la tez blanca de aquél hombre. O quizá fue el hecho de que no vio el color claro de siempre en sus ojos, sino un negro que solo significaba una cosa.
¿John Turner? No podía ser, tenía que ser una broma. Una de mal muy mal gusto. La furia no se desvaneció, pero es que además se sumó a ella un sentimiento de angustia y cierta nostalgia. Habían pasado cuanto ¿Seis años desde la última vez que vio a John? Seis años. Cuando destinaron a su compañero al departamento de Nueva York, después de que su capitán decidiese tras un caso sin resolver que no estaban hechos para trabajar juntos.
Pero ¿Y si no fue eso lo que sucedió? ¿Todo había sido un fraude? Recordaba las palabras del director del FBI, siempre había habido alguien cerca de ella, observándola, viéndola convertirse en una excepcional detective. ¿Y si los ojos de John habían sido unos de entre muchos otros? No. Lo que habían tenido, la conexión, la complicidad que compartieron, no podía sobreactuado.
Apoyando las manos en el suelo se puso en pie y se sostuvo en una caricia el costado, ese que sentía resentido por el golpe.
-Who said I have none? -contestó en un siseo, y por el rabillo del ojo vio hacia el sofá. Tenía el arma bajo uno de los cojines. Tendría que arreglárselas sin ella, por el momento.
Las cejas del demonio se alzaron, sorprendido ante la insinuación de Campbell.
-Ah… -fingió pensárselo-. Perhaps the fact that I came in without even trying? –sugirió, y ahí estaba la característica y sobrante sonrisa de los demonios. Esa que junto a los ojos negros les hacía ver tan peculiarmente asquerosos-. C’mon, you are not losing your touch, detective, aren’t you?
Se le quedó mirando, divertido al notar que aún no se había incorporado, y ni que hablar del hecho de que, aunque hubiera intentado ocultarlo, se notaba en sus ojos lo mal que le hacía ver a un demonio en posesión de quien alguna vez había sido su compañero.
-So here is the thing, sweetheart –habló el demonio, girándose sobre sí mismo y dándole la espalda a la cazadora. Hubiera sido aquello considerado un gravísimo error de no ser porque mientras volvía a fingir estar analizando el aspecto del departamento, los pulmones de Campbell dejaron de recibir aire, como si se tratara de un espacio carente de todo-. I gotta take you with me, back to where you belong; and I know you won’t like it, so let’s make a deal.
Como quien no quería la cosa, se había acercado hacia ella de a poco, y ahora se ponía en cuclillas frente a Campbell, con la sobrante sonrisa impresa en sus labios.
-I kill you now, so you’ll be like asleep all the way home, what do you think? It’s a good idea, isn’t it? –había acariciado el rostro de ella mientras hablaba, y de un momento a otro golpeó su cabeza contra la pared, incorporándose y volviendo a darle la espalda-. You’ll be awake just by the time we get there.
El aire volvió a los pulmones de Campbell, dándole un respiro para que pudiera responder.
El golpe en la cabeza no había sido tan asfixiante como el ataque demoníaco que le había infligido, y sin embargo había puesto atención en cada palabra que le decía. Aquél hijo de perra se equivocaba, si la mataba no volvería en si, y a decir verdad resultaba tentador dejar que eso sucediese, frustraría los planes de aquellos desgraciados que tanto daño le habían hecho. La habían hecho detestar su cuerpo, incluso su propio aroma. Detestar quién era y quién había sido. Habían mancillado todo lo que a lo largo de su vida cuidó, llenado su cuerpo de cicatrices, y provocado otras que no eran visibles.
Si, era muy tentador; pero ella era mejor que una tentación.
Exhalando aire con urgencia, sintiéndose casi un silbido, Shawn aprovechó que el demonio le daba la espalda para moverse hacia su izquierda, alejándose de la pared y de la alfombra que había estado pisando. Gateó hasta que pudo incorporarse correctamente y corrió un par de metros más hasta llegar al sofá, levantando el cojín para poder tomar su arma.
¿Dispararle? No. De ninguna manera, aunque quizá fuese lo apropiado; quizá allí estaba la fortaleza que debía demostrar, ser capaz de disparar no solo al enemigo, sino al enemigo que ella creyó compañero. Pero no tenía esa fuerza, y no le sobraba tiempo para buscarla.
Lo que necesitaba era atraer al demonio hacia allí, que fuese a por ella.
¿Que no tenía protección? Eso estaba por verse.
Oír el correteo de Campbell hacia el sofá provocó una sensación de adrenalina en el demonio. Ahí estaba la contestación: no era una verbal, sino una física, y ésta era que no iba a dejar que se la llevaran así como así, pues era una luchadora, se lo habían advertido ya, y seguirla por tanto tiempo no había hecho más que reforzar esa creencia.
El demonio se giró sobre sí, enfrentando a Campbell, y aunque un par de metros les separaban, él fue acortándolo con pasos de tanto en tanto, mirándola de manera amenazante, pero divertida a la vez; una diversión a base de la injuria y la malicia, de imaginarse todo lo que podía llegar a hacerle.
-What is it? –inquirió, alzando las cejas. Los ojos negros desaparecieron entonces, dejando entrever el color natural, el azul un poco verdoso, y esa particularidad en el ojo izquierdo de John Turner, una mancha marrón superior, bastante visible-. You can’t just shoot your ex partner, can you? –inquirió, y por un momento fingió ser él, los ojos profundos, el gesto serio.
Hasta que volvieron los ojos negros, y la sonrisa que podía llegar a sacar de quicio a cualquiera.
-Well that’s a shame –dijo antes de patear a Campbell hacia atrás, en dirección al sofá, y entonces fue a por ella.
Por un instante, los ojos de Shawn parecieron empañarse cuando vieron a los ojos de ese hombre al que un día había querido en silencio. Era extraño lo que resultaba pensar cuando sabía con certeza que estaba apuntando a un demonio y no a su ex compañero; en lo que nunca dijo pero había sentido, en lo que su obsesión hacia su trabajo había impedido sucediese. Siempre esa necesidad de que hubiese algo más, de seguir buscando, de seguir cobrando por su mano la justicia que aquellos que cometían crimen tras otro pensaban nunca les alcanzaría.
John Turner, otra pieza más en el gran juego, una víctima más arrastrada al infierno para algo tan insignificante como observarla. Curioso que algo que ella no había pedido costase tantas vidas, siempre creyó que la crueldad del ser humano y la locura que comportaba no tenían límites, pero se había equivocado; era la oscuridad y lo que conllevaba aquello que no tenía fin.
Su dedo vaciló en el gatillo y efectivamente no pudo disparar, recibió el golpe y cayó de espaldas en el sofá, extendiendo los brazos hacia él, usando los codos para alejarle de ella, pero no fue hasta que usó la rodilla para golpear su estómago que pudo liberarse de su agarre. Y aprovechó la distancia que había ganado para escabullirse en un rápido movimiento y con el arma aún en sus manos saltó por encima de la mesilla de café para llegar al otro lado del salón. Solo un poco más, un asalto más.
Tenía que hacerle creer que la tenía, que no tenía ninguna posibilidad porque no poseía la fuerza para herir a su ex compañero. Si perdía el factor sorpresa, el demonio nunca pisaría la trampa para demonios de la cocina por si solo. No hacía falta tener una mente brillante para saberlo.
-Come on you bastard! -rugió -Show me your best, if you have under your black fucking eyes something more than pride!
¿Qué si tenía algo más que orgullo? El demonio rió mientras se incorporaba. Sí, tenía algún que otro atributo más.
-I still don’t get why you do all the screaming and getting mad shit… -dijo el que se había ya puesto de pie, con solo una mesa de café separándolo de su objetivo-. I’m coming to get you anyway, sweetheart, there’s no need for you to ask for it –alardeó, y finalmente pisó la mesa, saltó, y primero le propinó un puñetazo a Campbell.
Luego, esa misma mano sostuvo la cabeza de la mujer, mientras la otra tomaba el antebrazo que estaba vendado y lo apretaba con una fuerza sobrenatural. Pateó su estómago tres veces antes de empujarla hacia atrás, y esperó que se recuperara, pues ahora se venía el contraataque, ¿no? La siguió, acortando la distancia que el empujón había puesto entre ambos.
Aún sonreía. ¿Qué podía decir? Le gustaba cuando se ponía toda rabiosa y patea-traseros.
Una queja hubiese sido lo apropiado después de semejante golpiza, pero no fue lo que sucedió. Shawn rió, entrecortadamente por la falta de aire que aquellos golpes en su estómago le garantizaron, pero risa a fin de cuentas.
Se sostenía de los marcos del umbral de la puerta que daba a la cocina y tenía la cabeza gacha. Al sentir que el demonio se detenía, quizá a preguntarse qué le resultaba tan gracioso, alzó la mirada con una media sonrisa tan cínica o quizá más que aquella de la que el demonio había presumido en todo momento.
-Oh wait. You asking what I’m laughing my ass off? -enarcó una ceja. Pulsó el interruptor que quedaba detrás de su brazo, en la estancia de la cocina. Se encendieron unas luces ultravioleta, y estas alumbraban una trampa para demonios. Una que el demonio pisaba con ambos pies -Guess what, bitch? Gotcha.
Y como si quisiera cerciorarse de lo que acababa de suceder, el demonio caminó hacia el borde de la trampa para demonios, e intentó traspasarla, claramente sin lograrlo.
Hija de puta.
Ahora, a escasos centímetros de Campbell pero sin poder tocarla, la historia cambiaba, y quien reía no era precisamente él, sino aquel que estaba dentro suyo, en algún lugar muy escondido y encerrado, el auténtico John Turner se carcajeaba.
-Guess you didn’t like the idea of coming with me after all –comentó el demonio, hacienda caso omiso a las burlas de Turner, y sin dejar de ver a Campbell a los ojos, trazó un plan lo más rápido que pudo-. What’s next? Are you gonna kill me? –alzó las cejas, inquisitivo-. Well how about no?
Se llevó ambas manos al cuello, dejando una sobre su mandíbula, y la otra sobre la nuca del cuerpo.
-You are gonna let me out, and we are going home as I said –explicó como si estuviera hablando con una niña caprichosa-. Or I’m just gonna snap this vessel’s neck, just like this –presionó sus manos sobre la cabeza.
En un acto reflejo movido por el horror Campbell apuntó una vez más el arma hacia el demonio. Apretaba tanto los dientes que podía sentirlos chirriar en su sien, alimentando su crónica migraña. No, eso no formaba parte del plan. Y dudaría que el demonio fuese capaz de hacerlo, pero sabía que no era así; sabía que lo haría, porque era un ser sin conciencia, y romperle el cuello a su recipiente era como dar un paseo en su atracción favorita. Resopló en un sollozo cargado de rabia, y bajó la pistola. Dejó que cayese al suelo.
-Alright -extendió ambas manos -Alright. You win. But don’t hurt him, please. This is between me and you. He has nothing to do about this. I’ll go with you. See?
Dio un paso adelante, y con la suela del zapato empezó a borrar el spray. Bastaba con un simple fallo en el diseño para que la trampa dejase de hacer efecto; mientras tanto, sin embargo, extendía la otra mano hacia atrás para intentar alcanzar el mando del equipo de música.
El demonio mantuvo ambas manos en el cuello del recipiente, apretándolo con fuerza sólo por si a Campbell se le ocurría hacer algo estúpido.
Claro que estaba pensando en algo estúpido. Ella no se daba por vencida, y ese demonio ya lo sabía; así que era obvio que no se confiaría. Los ojos de él iban de los de ella, a su pie para verificar que en efecto estuviese haciendo lo que había dicho.
-That’s it –dijo él, satisfecho, y cuando la trampa para demonios dejó de surtir efecto, éste pateó a Campbell de nuevo. No sabía hacia dónde había extendido su mano pensando que él no la vería, pero había aprendido que, cuando de Shawn Campbell se trataba y si eras un demonio, nunca era algo bueno, y nunca debías querer saberlo.
El demonio salió del círculo, y se encaminó hacia la mujer, ya adentrándose en la cocina, dispuesto a acabar con ella de una vez por todas; había estado buena la diversión, pero el hecho de que casi quedaba atrapado en un pentagrama no le hizo mucha gracia. Mejor no tentar a la suerte; quién sabía cuántas otras trampas tendría ella.
-Don’t give me such a hard time, sweetheart –se agachó, tomó el arma de Campbell, apuntó al muslo de su pierna derecha, sonrió, y apretó el gatillo.
Entrecerró los ojos, y se preparó para disfrutar del quejido de dolor.
Un chillido que no se escuchó, porque ella se encargó de ahogarlo. Si rugió y se dio la vuelta completamente en el suelo, dando la espalda al demonio para arrastrarse. De todos los demonios que podrían haber venido a por ella, tenía que venir uno que había poseído a la única persona por la que quizá había sentido algo más que lealtad a lo largo de su vida. No podía disparar a John, no podía ganar la ventaja de esa forma; además, su arma estaba ahora en posesión del demonio, y más le valía pensar deprisa si no quería llevarse otro tiro en el culo.
El mando del equipo había caído al suelo cuando tras la arremetida del demonio ella lo arrojó involuntariamente, y ahora tanteaba con la mano el suelo intentando encontrarlo. Lo palpó, estiró más la mano y consiguió atraparlo. Encendió el equipo y le dio al play.
-Exorcizamus te, omnis immundus spiritus, omnis satanica potestas, omnis incursio infernalis adversarii, omnis legio, omnis congregatio et secta diabolica…
Su propia voz recitando el exorcismo a través de los altavoces. Eso iba a dolerle a ese hijo de la gran puta. Y a ella levantarse también, pero lo hizo, y volviéndose hacia el demonio corrió con una evidente cojera hasta él, placándole y tirándole al suelo. Lo primordial era sujetarle los brazos, y eso hizo.
En un principio, el demonio había perdido tiempo oyendo lo que recitaba, sin comprender porqué a Campbell se le ocurría poner música cuando estaban a punto de matarla; pero, claro, aquella incertidumbre desapareció completamente cuando lo que percibió fueron esas palabras en latín, y sintió una explosión incesante en los oídos, mucho más potente que un simple pitido.
-You bitch –fue lo único que logró articular, no supo cómo, y llevó ambas manos a su cabeza, primeramente para taparse los oídos, porque no quería seguir oyendo aquello; pero luego se le ocurrió volver a amenazar a Campbell con la muerte de su ex compañero, así que eso intentó hacer. Sin embargo, las manos de Shawn ya estaban sobre él, impidiéndole aquello.
La cabeza del demonio se movió violentamente de un lado a otro, mientras maldecía y su cuerpo se agitaba con fiereza, pretendiendo sacarse a la mujer de encima, ir a por el arma, y primero pegarle un tiro al equipo de música; luego uno a Campbell.
Aunque lo cierto es que no llegó a hacer ninguna de esas dos cosas, porque a medida que transcurrían los segundos, el dolor se hacía más insoportable, y los oídos le explotaban. Temblaron las lámparas y las luces titilaron, no quería irse, quería quedarse.
Pero la esencia de John Turner aprovechó la debilidad de aquel que lo había poseído por casi seis años, y lo empujó fuera de su cuerpo, materializándose la esencia oscura en un humo negro que salió de la boca del hombre de tez pálida. Y el demonio salió buscó la primera vía de escape, que vino a ser la ventilación del lugar.
John Turner tosió copiosamente, y su cuerpo se convulsionó por un momento; le dolía todo, y recordaba cada golpe que había recibido en los últimos meses el demonio, así que claro que iba a sentirlo él realmente ahora que acababa de hacerse de su cuerpo una vez más.
Movió las manos, queriendo soltarse, y cuando abrió los ojos, estuvo bastante desorientado hasta que pudo enfocar el rostro de Shawn Campbell, y dejó caer la cabeza contra el suelo, agotado, pero tranquilo. Ella no era una amenaza para él, hasta donde recordaba.
-Just like old times –comentó con voz ronca a Campbell, haciendo referencia al hecho de que ella se encontraba sobre él. Sonrió apenas un poco, y ésta vez no había malicia ni perversión en la curva de sus labios, sino agradecimiento-. Hey there, badass –musitó.
El pecho de Shawn ascendía y descendía violentamente al ritmo de su desvocado respirar, y tenía el ceño fruncido. Miró a los ojos de John y aunque tardó más de lo previsto, acabó soltando sus brazos. Pero no salió de encima. Que demonios..
Levantó un brazo y le dio un buen derechazo a Turner, sacudiendo después el puño y saliendo finalmente de encima suyo para acabar acostada boca arriba en el suelo, maldiciendo por el dolor al que empezaba a prestarle atención causado por la bala de su pierna.
-Those were old times, you dumbass -dijo entre dientes.
No se veía aliviada, y probablemente no lo dijese jamás en voz alta, pero si lo estaba. No sabía qué hubiese sido de ella si veía morir a John delante suyo, y por su causa.
Él llevó una mano a su mandíbula, moviéndola un poco para recuperarse del puñetazo que acababa de recibir. Genial, algo más que agregar a su lista de molestias corporales.
-Sorry I punched you… And kinda kicked your ass… And that I’ve been stalking you for months… –dijo serio, aunque en realidad bromeaba.
Se impulsó de sus codos para sentarse, y lo primero que hizo fue maldecir porque lo había hecho muy de repente y aún la cabeza le daba vueltas, pero luego se acostumbró al dolor, y le echó un vistazo general a Shawn.
-Seriously, Campbell, you look like crap –soltó antes de incorporarse, y sin pedir permiso tuvo a la mujer en brazos, llevándola hacia el sofá en el que hacía un rato había estado comiendo y mirando una película. La dejó ahí, y se separó en cuanto pudo, pues ya veía que la cercanía haría que se ganase otro puñetazo-. Be right back.
Se giró sobre sí, y como si estuviera en casa, comenzó a buscar un botiquín de primeros auxilios; esos departamentos solían tener los baños equipados para ese tipo de cosas. Lo encontró, aunque tardó más de lo deseado. Se sentía muy estúpido caminando torcido, y mareándose a cada rato.
-Let me see that –le dijo a Campbell, señalando su pierna mientras se sentaba a su lado, aunque no la tocó. La miró a los ojos, y se preguntó qué tanta desconfianza le tendría ella. ¿Debía irse? No.
No iba a irse, que a ella no se le ocurriera insinuarlo tampoco. Había observado a Campbell por mucho tiempo, por raro y jodido que sonara; así que sabía a la perfección de que nadie vendría a por ella, que nadie la ayudaría si lo necesitaba, y él creía que ella podía llegar a precisar una mano.
Una mirada que Shawn Campbell le devolvió. Y no iba a mentir, se había perdido en aquellos ojos otra vez, y pasaron segundos hasta que se dio cuenta. La misma mirada cómplice del mismo compañero con el que tantos casos resolvió, al que en seis años no había vuelto a ver, con el que había cenado cada noche durante más de tres años comentando los casos resueltos, el que lo sabía todo de ella, o al menos, todo lo que ella creyó saber. Una mentira, por lo que en realidad, y visto desde un punto objetivo, John la conocía tan poco como ella se conocía a si misma.
Se aclaró apenas la garganta y bajó la mirada hacia la herida, que con su ardor la salvó de perderse por más tiempo en esos profundos ojos.
-Yeah, okay -aceptó. No era una nenanza, aunque sabía que dolería. Tendría que sacar la bala.
Su mirada se quedó perdida en algún punto incierto, y fue entonces cuando preguntó en voz baja.
-How long? -volvió a buscar sus ojos, inquisitivos esta vez. ¿Estaba claro lo que preguntaba, no? Cuanto tiempo. Cuanto tiempo había estado poseído. ¿Había algo de cierto en todo lo que tuvieron?
El hombre ya había puesto manos a la obra, abierto el botiquín y tomado lo que necesitaba para comenzar; y estaba metido en eso, intentando con todas sus fuerzas que su visión doble se convirtiera en una normal, cuando oyó a Campbell.
Dejó de hacer lo que estaba haciendo, y aunque su mirada se mantuvo fija en los elementos quirúrgicos, su mente estaba en otro lado. Recordando lo que había sucedido, cómo había sucedido, lo que habían tenido antes, y lo que ocurrió después. John tensó la mandíbula a más no poder, y sus ojos azules se clavaron en algún punto de la pared, alzando la barbilla pues tampoco quería parecer un cachorro asustado.
Pero es que así se sentía. Le habían robado algo que era tan propio, privado, como el cuerpo mismo. Había estado en algún lugar de su consciencia, quieto, sin capacidad de tomar lo que era suyo. Le habían arrebatado el derecho principal y fundamental: el de vivir. No había tenido elecciones, ni disfrutado por mucho tiempo; había perdido años de su vida, así como así, y se había marcado de cosas horrendas, todo lo que ese demonio le había hecho a la gente, a jóvenes inocentes, a niños… Y había utilizado su cuerpo para eso. Esas dos manos con las que él intentaría ahora curar a Campbell.
Pero, más importante aún, durante años había sido obligado a observarla a ella.
La vio ser acechada por peligros inimaginables sin poder hacer nada para evitarlo. La había visto morir en esa camilla en que el círculo la había mantenido tantas veces que no podía contarlas. Había rezado por ella, pedido a alguna fuerza superior que pudiera salir del lío en el que estaba metida cada vez que se metía en uno, que era la mayor parte del tiempo. Había implorado que se levantase todas y cada una de las veces que la había contemplado muerta.
John quitó de su cabeza esos pensamientos, escondiendo los recuerdos en algún lugar muy en lo profundo de su ser. Giró la cabeza, clavó sus ojos en los de Shawn, y las comisuras de sus labios atisbaron a sonreír; una sonrisa sincera, que pretendía despreocuparla.
-Not long enough –fue lo único que respondió. ¿Qué caso tenía decirle la verdad? ¿Qué se martirizara por eso? No, no le haría aquello; bastante había sufrido esa criatura ya.
Pero todo por lo que ambos habían tenido que pasar no había sido suficiente para que ella se quebrara; ni para que a él dejara de importarle. No había sido suficiente para romper ese vínculo que habían formado sin percatarse ninguno de los dos.
No, no había sido tiempo suficiente. Ni para que le prohibieran quererla; ni para que se olvidara cómo se sentía hacerlo.
Había estado sola demasiado tiempo. Valía recordar que no había aceptado ningún compañero más después de John, a excepción de Parker, con quién trabajó en algunos casos aislados. No, nadie había podido ocupar el lugar de John en el FBI, porque nadie sería nunca lo suficientemente bueno para ella.
Y quizá nunca debió suceder, quizá si debió haber otro en vez de él. De esa forma le hubiese evitado a John todo por lo que había pasado, pues por muy objetiva y racional que intentase ser, por mucho que alejase la culpa de ella a golpes de conciencia, no había manera de conseguirlo. Había sido por ella, todo ese tiempo que le habían robado, todo lo que no se le había permitido vivir, todo el dolor que le habán infligido, por ella.
Apretó los dientes al ver su sonrisa. ¿Como podía sonreírle?
-Not long enough -repitió, asintiendo con la cabeza para después ladearla y llevarse dos dedos a su ojo derecho, secándose la única lágrima alimentada por la rabia que había tenido coraje para asomar. Suspiró profundamente -That’s a shit of an answer -apoyó las manos en la superficie blanda del sofá para poder sentarse mejor -Alright, let’s do this, shall we -estiró un brazo para alcanzar el botellín de cerveza y se bebió la mitad del contenido sin detenerse a respirar. Después echó la cabeza hacia atrás, por encima del respaldo y cerró los ojos.
Justo cuando pensaba que había ganado, justo cuando pensaba que podría centrarse en otra cosa que no fuese ella, las mentiras y lo que había vivido, aparecía el pasado llamando a su puerta, y no cualquier recuerdo, sino él. Estaba indudablemente jodida.
SACRED BLOOD | SEASON THREE

NOBIS INFERNI, PART II
Sahir retrocedió abruptamente cuando vio la negrura en los ojos de Shawn Campbell. No daba crédito a lo que veía, y estaba demasiado confundido para buscar una explicación.
-What the hell, Campbell -espetó con temblorosa voz.
-Take the bones out -cuando la detective se volvió hacia Sahir, sus ojos volvían a ser de ese precioso castaño con ciertos tonos verdes -We’ve got work to do.
Y aunque aquél hombre ya no estaba seguro de querer seguir las órdenes de Campbell, su duda fue momentánea. Se retiró el rifle del hombro, dejándolo en el suelo y se puso manos a la obra.
Aquellos huesos tenían más de mil años, y sabía que debía ser cuidadoso si no quería que se convirtiesen en polvo en sus manos.
Mientras tanto, Shawn se agachaba junto a su bolsa en el suelo y la abría corriendo la cremallera. Contempló las velas, las pequeñas bolsas de tela y el cuchillo de plata que guardaba.
Estaba nerviosa. Sentía ese nudo en su estómago, sin embargo no podría decir con certeza si aquella ansiedad era suya, o de Azrael.
Eso hizo que la ex detective vacilara y analizase lo que estaba a punto de hacer. ¿Estaba haciendo lo correcto?
Deshacerse del problema no iba a solucionarlo. Pero le daría la libertad que necesitaba. Aquella chamán se lo había dejado claro, era una decisión que debía tomar sola. Y sola lo haría. Pero las consecuencias ¿Repercutirían solo contra ella? O estaba a punto de desatar un mal peor del que ella soportaba.
Ni si quiera conocía al enemigo, no aún. No aunque conviviese con ella, él estaba en su cabeza, ella no podía estar en la suya. Era un gran paso que daría a ciegas, y esperaba diese resultado y sobretodo, no estar tomando la decisión equivocada.
-¿Y qué piensas hacer con esto? ¿Una barbacoa? -preguntó con notable sarcasmo el musulmán, dejando el último hueso en el suelo. No estaban ordenados ni había hecho una recreación, era un montón de calcio después del largo pasar del tiempo.
A Campbell le faltó poco para sonreír. Otra vez, extraña elección de palabras.
-Algo parecido -se volvió hacia él y caminó hasta detenerse frente al montón de huesos. El cuerpo de Azrael, el cuerpo de quién una vez fue. El humano, los restos de la vida que vivió antes de ser condenado al infierno y convertirse en quién era. Cenizas de un guerrero.
Llevaba consigo el cuchillo de plata y un frasco topacio. Era ahora, o nunca.
-Esto no va a ser algo que uno ve todos los días, Sahir. Así que tienes dos opciones -dijo, sacándose de encima la túnica para dejar a la vista sus ropas comunes. Jean gris, y camiseta básica negra. Arrojó la túnica a un lado -Quedarte a verlo sin abrir la boca, o largarte.
Y a juzgar por el silencio y la ausencia de movimiento de Sahir, no iba a irse a ninguna parte. Campbell no necesitaba a nadie para sentirse segura, pero valía la pena reconocer que no le vendría mal alguien cubriéndole la espalda. A fin de cuentas conocía la teoría, no la práctica, y nada le garantizaba que aquello fuese a funcionar. De nuevo, estaba dando un paso a ciegas.
Los ojos de la detective se enfocaron en su propio antebrazo. Entrecerró los ojos para lidiar con la poca visibilidad, allí estaba el mareo persistente atacando una vez más. Lo soportó, así como soportó el ardor en su pecho, la sensación de estar ardiendo en las mismas llamas del infierno. Sostuvo con firmeza el cuchillo con la otra mano y dio un paso al frente para estar más cerca del montón de huesos, estirando el brazo.
-Hoc remittit animam infecta pace quia de spiritu meo -hizo un corte a lo largo de su antebrazo, profundo, abriendo la piel en una brecha. La sangre empezó a resbalar y a caer sobre los huesos -In nomine in lucem sanctam, invocato exercitum dimittere tenebrarum harum.
El suelo empezó a temblar. Sahir bajó la mirada intentando explicarse aquél repentino terremoto, y después echó un vistazo a las velas de la capilla que había encendido para no estar a ciegas. Una fría corriente apagó todas ellas, una a una.
-Campbell… Esto no me gusta -advirtió.
-Vivificet eum, levabit eam -el mentón de la ex detective tembló, sentía un dolor hilarante que empezaba en sus pies y acababa en un martillazo en su sien.
Notaba aquella oscuridad queriendo salir de ella, pero no salió en forma de sombra, no. Curiosamente, lo que se manifestó fue un halo de luz, uno que empezó en la herida de su brazo y que después recorrió el cuerpo de la mujer hasta invadir sus ojos, desprendiendo una poderosa fulgencia.
Por unos instantes, fue imposible ver nada, aquella luz era dañina, y quizá mortal para la vista de quién hubiese tenido los ojos abiertos.
Cuando Sahir se recuperó y retiró el antebrazo de su cara, queriendo averiguar qué diablos había ocurrido, Shawn Campbell estaba de rodillas en el suelo de la capilla, y sus brazos temblaban, como si no pudiese sostener el peso de su propio cuerpo.
¿Qué diablos significaba todo aquello?
Para Campbell, la parte más difícil estaba hecha, y a juzgar por lo que sentía había funcionado. Ahora venía lo indeseado, lo que probablemente no fuese tan sencillo conseguir.
Luchó contra si misma, contra su agotamiento y la somnolencia que quería arrastrarla, a pesar del cansancio aquella fuerza oscura nunca le permitió bajar los brazos, siempre estaba alerta, dispuesta a dar un paso más, su cuerpo se había mantenido fuerte como una roca, contrariamente a lo agotado que se encontraba su espíritu.
Ganó la batalla y consiguió abrir el frasco topacio que llevaba consigo. Y vertió el líquido sobre los huesos, aquellos que parecían estar en brasas por la luz que los envolvía. Era como si aquellos huesos estuviesen ardiendo por dentro. Cobraban vida, Azrael estaba regresando.
Tenía minutos, solo minutos para impedir que el ritual finalizase, un solo fallo podría conllevar que no tuviese otra oportunidad, Azrael estaría libre, volvería a tener potestad sobre la tierra, y torturaría otras almas así como habia torturado la suya. Seguiría convirtiendo a niños y niñas inocentes en su particular ejército, ese era su plan. Recuperar lo que Zeon le había arrebatado, hacer el círculo de Sahed suyo, volver a ser el Rey de los manchados.
Pero no lo permitiría, no dejaría que eso ocurriese.
-Burn in hell, you son of a bitch -siseó pesándole cada palabra, pero la ira podía más.
Sacó su zippo y la llama ardió avivada por la gasolina. Y hubiese sido tan fácil como dejar caer el encendedor, el fuego hubiese arrasado con los huesos, y Azrael nunca volvería a pisar la tierra. Pero ocurrió lo inesperado, un golpe seco en su cabeza.
Sahir acababa de atestarle con el soporte de uno de los candelabros, y Campbell quedó tendida a un lado perdiendo el zippo en el proceso de la abrupta caída.
La mujer apretaba con fuerza los ojos. No estaba inconsciente, y quería volver en si, deshacerse del mareo para hacer frente a la nueva amenaza.
Aquél hombre no era el mismo, en sus ojos habitaba un rojo carmín que no significaba nada bueno.
-Campbell, Campbell… Mi pequeña Campbell -su voz no era la misma, retumbaba como un tambor del inframundo, incluso se adivinaba cierta distorsión. La piel del hombre estaba rasgándose, como si no soportase su cuerpo el peso de la oscuridad que habitaba dentro y se abriesen grietas en su piel. Arrojó el candelabro a un lado -¿Vas a traicionarme? ¿Es eso? Después de todo lo que he hecho por ti. Después de convertirte en la mujer que eres, de darte fuerza, poder… -observó con resentimiento como la detective estaba a punto de ponerse en pie -¡Decides eliminarme!
Poco pudo hacer Shawn para luchar contra aquella fuerza que la levantó como si fuese simple peso muerto y la empujó elevándola hacia la pared más alta de la capilla, atrapada por ese brío sobrenatural en posición de cruz. Abrió los ojos y los clavó en los rojos de Sahir, sintiendo la impotencia, la furia.
Sentimientos que fueron sustituidos por un abrupto dolor que a punto estuvo de hacer que chillara, pero no lo hizo. Giró la cabeza para mirarse la palma de la mano, esa que intentaba cerrar y no podía, esa en la que estaba apareciendo una mancha roja a medida que un clavo que no estaba realmente allí se hundía más y más en su piel. El dolor en seguida se hizo notar en la otra mano.
La fuerza que poseía a Sahir se carcajeó, la impotencia de su creación le saciaba.
-Admítelo. Soy un artista -sonrió cínicamente.
Una sonrisa que despertó el espíritu luchador de Campbell. No, no podía acabar así. Ahora, más que nunca sabía que había tomado la decisión correcta, y que no podía permitir que aquél demonio volviese a tener pleno uso de sus demoníacas facultades. Estaría causando una destrucción que su imaginación no alcanzaba a imaginar. Seguramente se quedaría corta.
Tenía que haber algo que pudiese hacer. Sus ojos llorosos estudiaron la capilla, miraron el montón de huesos cuya luz seguía volviéndose cada vez más fulgente, su cuerpo estaba regenerándose, empezaba a cobrar forma. Localizó el zippo en el suelo y vio que el frasco de agua bendita mezclada con gasolina había caído de tal forma que el líquido seguía derramándose, y abriéndose paso como un río sin caudal. Aún había algo de poder dentro de ella, lo sabía. Lo sentía. Podía hacerlo.
Apretó tanto el ceño que dolió, pero no alcanzaba a superar el daño que sentía en su abdomen que empezaba a tintarse también de rojo, la aflicción de sus pies.
-Azrael -llamó entre dientes, y cuando el demonio la miró, acabó -Bésame el culo.
Sahir inclinó la cabeza a un lado, confundido pero entretenido al mismo tiempo. Eso no iba a durarle mucho, pues el zippo cuya llama seguía tambaleante pero viva se movió apenas unos centímetros hacia la derecha, y el fuego se contagió sobre la gasolina, siguiendo la linea que había formado casualmente hasta llegar al montón de huesos bañados con el mismo líquido. Las llamas se alzaron azules y cítricas. Sahir avanzó un paso a la par que gritaba desaforado.
No entendía las voces que escuchaba. Parecían estar muy lejos. Arrugó el ceño al percatarse entonces de que hablaban árabe, y no estaban hablándole a ella.
Hizo un sobreesfuerzo para abrir los ojos, reconociendo a dos hombres. Ahora, si se dirigían a ella.
-¿Americana? -preguntó uno -¿Es Americana?
Shawn frunció más el ceño y fue a llevarse una mano a la frente, pero la sintió húmeda y poco receptiva a las órdenes de moverse.
Ladeó la cabeza, había alguien más allí. Un hombre alto, detrás de aquellos dos. Y ese vestía uniforme. ¿El hombre de seguridad del museo?
Un segundo. Los huesos, el fuego, Azrael… Sahir. Giró abruptamente la cabeza y descubrió tendido en el suelo el cuerpo masacrado del hombre que había trabajado para ella. Su piel estaba al rojo vivo, como si hubiese sido víctima de un incendio.
Escuchó una orden directa, el guardia acababa de indicarles a los dos hombres que la levantaran. Aún estaba mareada y se sentía agotada, por lo que traducir al momento lo que aquellas personas decían en su idioma natal no era precisamente sencillo.
-Wait -habló con voz ronca cuando la levantaron, apoyar los pies en el suelo hizo que gimiera de dolor. Cabizbaja, entornó los ojos para ver al guardia acercarse a ella.
-Responde ¿Eres americana?
Shawn guardó silencio, miró a los ojos del hombre de pelo negro y tras hacer un mohín le escupió en la cara. Que no se lo tomase como algo personal, es que tenía algo en la garganta que le molestaba.
El puñetazo en su estómago fue un consejo claro. Mejor no tentar a la suerte.
Volvió a escupir, esta vez hacia el suelo y alzó la cabeza sin remedio cuando recibió un tirón del pelo que no mentiría, molestó.
-¿Eres Americana?
-Estado Unidense -contestó en voz baja.
-Dos turistas te han encontrado junto a un cadáver y una tumba profanada. ¿Tienes algo que decir a tu favor?
Campbell se lo pensó, enarcando una ceja. No había pensado en un plan B en caso de que algo así ocurriese; es decir, no había planeado quedarse inconsciente y ser descubierta.
-¿Había bebido? -preguntó en respuesta.
El guardia alzó apenas las cejas y sonrió de medio lado.
-¿Has estado alguna vez en una prisión siriciana?
-No que yo recuerde.
-Bueno, joven Americana -la miró de pies a cabeza sin borrar la sornisa -Siempre hay una primera vez. Llevensela.
Shawn solamente respondió a los primeros empujones, resistiéndose. Pero estaba demasiado cansada, tanto física como emocionalmente para deshacerse aunque fuese de un par de hombres. ¿No? Quizá no.
Apretó los dientes y cuando recobró la fuerza que necesitaba echó la cabeza hacia atrás, golpeando con la zona posterior del cráneo la frente de uno de los que la sostenían desde atrás. Echó cuando tuvo el brazo libre el codo atrás y golpeó el estómago del segundo, pudiendo entonces darse la vuelta y dar un golpe directo en la mandíbula del primero, dejándolo tirado en el suelo. Esquivó con el dorso del brazo izquierdo el puñetazo del otro y le dio otro cabezazo en la frente, acabando por golpear su abdomen con la rodilla.
Vio que el guardia de seguridad desenfundaba su pistola y se agachó para arrebatarle la suya a uno de los dos que había dejado tendido, apuntando a la vez al guardia al que le sobraba ego.
-¿Espía? -imaginó él, al ver la destreza de la mujer.
-Casi. Detective especial. Baja el arma -se incorporó lentamente, atenta a cualquier movimiento en falso de quién estaba apuntándola a ella -No quiero matarte.
-Tengo a un hombre de mi país muerto a mis pies y muchas preguntas que hacerte. Como comprenderás no puedo dejar que te marches sin más, americana.
-Es Campbell -siseó, y sacando silenciosametne el seguro del arma disparó cuando vio la oportunidad a la mano del guardia, desarmándole cuando la bala impactó en la carcasa -Ah ah -advirtió enarcando notablemente una ceja al verle queriendo recoger la pistola -Mejor no.
El guardia musulmán la miró con expresión calma.
-¿Y qué harás ahora? ¿Matarme a sangre fría?
Campbell inclinó la cabeza ligeramente hacia su izquierda.
-Quítate la ropa. Voy a necesitarla.
SACRED BLOOD | SEASON THREE