FBI special detective Shawn Campbell [RPG]
John Turner River Pebble (Ray) Joshiel stevens Layla Lake Alex Landon
"when something bad happens, you have three choices: you can either let it define you, let it destroy you, or you can let it strengthen you."
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"when something bad happens, you have three choices: you can either let it define you, let it destroy you, or you can let it strengthen you.”



5 months ago | 157 notes (originally from wewillcontinuetobeamazing)


5 months ago | 29 notes (originally from cnidarianmane)

But I do remember

 

Chicago, Illinois.
FBI special division bureau


 
No quedaba nadie de su equipo en la oficina, aunque debiesen estar allí. Por precaución, y tras el informe de la división amiga de Nueva York, Campbell buscó un lugar seguro para todos los miembros de la división, al menos los importantes, los que se implicaban en los casos. Se había dado la alerta, claro que de forma discreta, alguien estaba cazando a los agentes de las divisiones, algo o alguien, pero según JT era humano, hasta el momento tres francotiradores. 
Los que se encargaban del papeleo seguían allí. 
Y ella estaba inmersa en algo parecido, papeleo, mas bien fotografías del cuerpo inerte de un hombre apenas reconocible, centro de su nuevo caso. Llevaba un par de días metida de pleno en ello, no parecía haber un móvil, había interrogado a los familiares y nadie pudo afirmar tuviese problemas con otro alguien, era un buen hombre que una buena noche fue despedazado al salir de un restaurente en un oscuro barrio chino. 
Le habían arrancado varios órganos, había consultado la base de datos de la OCEU y tenía varias opciones, pero la más certera parecía ser licántropos. Sin motivo, solo matar. 
Había pedido archivos sobre muertes similares en casos sin resolver en el sistema, pero parecía ser la primera de seguramente otras muchas muertes, al menos en plena ciudad. 
-Agente Campbell..
Ni si quiera oyó llamaban a la puerta de su despacho, solamente apartó la mirada de su trabajo cuando oyó la voz de Ben. 
-No es buen momento agente, sea lo que sea podrá esperar a mañana.
-Ha llegado alguien de la división de Nueva York –explicó el muchacho, lo que menos deseaba era fastidiar a su superior, todos conocían a Campbell allí, tenía menos pulgas que un trotamundos.
Shawn arrugó el ceño. ¿Jessica? No podía ser ella, de venir a Chicago le hubiese dado previo aviso. 
-Exige verla.
-Si, como sea, que pase –cerró la mayoría de archivos y los apiló a un lado, cerrando también las pestañas en el buscador del ordenador de mesa. 
Genial, otra JT, fue lo que cruzó su cabeza, cuando escuchó los gruñidos de la mujer al otro lado de la puerta ¿Es que todas las mujeres de alto rango eran fieras que amenazaban con morder?
-Adelante -aquel sujeto, Ben, le dirigió una media sonrisa por simple amabilidad, River tenía un rostro agradable, era pequeña, se veía adorable, era difícil no sonreírle, o sentir lástima por ella como si fuera un pequeño conejo entrando en la cueva del lobo. A pesar de todo no era tan dulce e inocente como se veía, había experimentado su parte en la guerra, podía lidiar con una agente del FBI gruñona, tenía mucha experiencia con JT. Además, ella también podía llegar a ser un pain in the ass, querría respuestas y no pensaba irse de allí sin ellas.
-Agente Campbell -dibujó una sonrisa intentando al menos ser amable ella misma -Lamento interrumpir, pero me preguntaba si podría tener unas palabras con usted ¿Acerca de Rachel Parker? -alzó el archivo que JT le había entregado y lo dejó caer con fuerza en el escritorio, delante de la nariz de Campbell -Enviaste eso ¿Qué es lo que quieres? -su tono cambió. Parte de ella aún creía que se trataba de alguna trampa, algo que explicara lógicamente todo aquello. Campbell debería querer algo, era alguna clase de jugarreta. Ahora ¿Qué diablos podría querer de una ex estudiante universitaria sin nombre? No tenía la menor idea.
La agente se heló en su silla antes de que la joven mencionase el nombre de Rachel si quiera, todo su organismo pareció entrar en una especie de parada sistemática en cuanto vio aquél rostro, el rostro de un fantasma, la cara de alguien que había seguido viendo en archivos, en esos mismos archivos que envió a JT, pero no se acercaba ni de lejos a la sensación de tenerla en frente. Una parte de ella sabía aquello acabaría sucediendo, pero no esperaba fuese así, planeaba visitar ella Nueva York algún día y ver aquél fenónemo inexplicable para ella en persona, quizá seguir manteniendo su relación con Ray en secreto, todos lo sabían, de un modo u otro, sabían que había una muchacha idéntica a Ray haciéndose llamar River Pebble, lo sabían porque formaba parte de una de las divisiones, y porque las redes sociales servían de algo.
El archivo cayendo en seco y fuerza en su mesa la trajo de regreso, pestañeando por primera vez desde que River entró, aún no podía salir de su sorpresa, mirarla era como mirar a la muerte a los ojos. Tragó y negó con la cabeza, echándole un vistazo al archivo,
ni si quiera sabía qué estaba haciendo. ¿Le preguntaba qué era lo que quería? Maldición, JT le había mostrado la maldita información, no debió hacerlo ¿En qué diablos pensaba?
-No quiero nada -respondió recuperando parte de su compostura, humedeciendo sus labios. Miró sus ojos, casi esperando ver la mirada de Ray en ella, pero era distinto, era el mismo rostro, pero no era la misma mirada. Como ver distintas almas en un mismo cuerpo -Por favor, toma asiento. Esta se suponía era información clasificada, lo único que pretendía enviándole los archivos a JT era mantenerla informada.
-A la mierda con información clasificada, es mi rostro ¿Qué más autorización que esa se necesita? -la sombra de una sonrisa apareció en sus labios, pareciendo algo más relajada. River no sólo se veía algo más joven que Ray, o quizá sólo actuaba más acorde a su edad, sus hombros no estaban tan tensos, no tenía ese porte militar siempre firme, incluso pareció despatarrarse en la silla, en lugar de sentarse con su espalda firme como solía hacer Ray. Sus ojos eran la principal diferencia, eran alegres y cálidos, había una mezcla de todo lo experimentado en ella, no eran firmes y fríos.
-Bien? -enarcó sus cejas -chasqueando sus dedos para que Campbell volviera en sí, parecía algo perdida -¿Planeas explicarte? Si no quieres algo de qué va esto?
-Contéstame tu a esto -Shawn dejó ambos brazos sobre la mesa al inclinarse, intentaba manejar sus sentimientos tan bien le era posible, era su trabajo después de todo, no dejar que las emociones la dominasen, de permitirlo pocos de sus detenidos hubiesen llegado a prisión, se hubiese tomado la justicia por su mano. Con Ray siempre había sido distinto, nunca pudo mantener ese muro con ella, y aún hoy día desconocía la razón. Era más que su compañera, hubiese matado por ella -¿Qué sentiste cuando viste el archivo? Si no sintieses que hay algo extraño en todo esto no estarías aquí, obviando que alguien pueda estar jugando contigo, estás aquí porque sientes hay algo más. Has tenido.. sueños extraños? ¿Pesadillas? Flashes..? Look, es complicado de explicar, sería honesta contigo pero yo no tengo las respuestas que realmente necesitas, when it comes to big supernatural shit I don’t hear a thing. Todo lo que sé es que Ray existió, diablos, puedo jurarlo -alzó las cejas -Tan solo pregunto si tu tienes razones para creerlo también.
-¡Bueno yo existo! –respondió algo alterada de un segundo al siguiente, quizá porque Campbell había dado exactamente en la tecla. 
Había estado actuando extraña últimamente, había creído que simplemente era que no sabía ajustarse al estilo de vida post guerra, a una oficina, habiéndose habituado a vivir con la resistencia, pero era más que eso, eran clicks, un segundo estaba lo más bien, al siguiente tenía una reacción completamente ajena a su personalidad, al siguiente volvía a ser la misma, y los sueños, rostros que jamás había visto aparecían en su mente. Era aterrador a decir verdad, realmente aterrador. Pensaba que estaba volviéndose loca pero aquello le hacía pensar que podría ser peor, mucho peor.
–Sé que extrañas a tu amiga, pero esta soy yo ¿Está bien? –se puso de pie de un salto, demasiado inquieta para permanecer en su sitio -Mi nombre es River Pebble, nací en Grayson, Georgia, mis padres eran Mary y Joseph Pebble, teníamos una granja. Estudiaba teología en la universidad de Emory y… -sus ojos se empañaron y su voz se cortó por un instante –me gusta el té helado y extraño el pan de maíz de mi mamá… mi primer beso fue con Kevin Samuels en lo alto del granero, pero tropecé y caí, y la horquilla me lastimó la pierna y tengo una cicatriz… -buscó en su brazo justo debajo del codo, no obstante por mucho que estirara la piel buscando la menor mancha no había nada allí, la piel estaba intacta, no tenía otra cicatriz que las que pudiera haber sufrido durante la guerra –Yo… -parpadeó y una lágrima rodó por su mejilla –Soy real.
Shawn había visto lo impensable, lo sobrenatural la sorprendió un día y desde entonces había sido una carrera contrareloj contra si misma, desde luego había dejado de creer en las casualidades, y más aún, había dejado de creer en un futuro para ella. La paladin le había dado la oportunidad de hacer algo bueno, un tiempo para enmendar todo lo que había llegado a hacer con el círculo, pero cuando toda la arena del reloj cayese y su tiempo se agotase, moriría y lo haría sin pelear. No sería ella quién colaboraría en traer el infierno a la tierra. 
En definitiva, había visto y hecho mucho para estar curada a estas alturas de espanto, de sorpresas, pero allí estaba esa muchacha sorprendiéndola contra todo pronóstico. Era la imagen lo que le encogía el pecho, aquella lágrima en aquél rostro, de algún modo se sentía como un espejismo, algo irreal. Jamás había visto a Ray llorar a pesar de tener sus motivos. 
-Listen -con cuidado, Campbell se levantó y rodeó la mesa para acercarse a la rubia -Apuesto a que todo lo que crees se siente real, pero no lo es. Y no es algo malo, debes tomar esas dudas y confirmarlas, tomar todas esas preguntas y darles respuesta. Al menos, eso haría yo. No eres corriente River, pero yo no soy quién pueda explicártelo.. Como he dicho, todo lo que yo sé es lo que me han dicho -humedeciéndose los labios buscó en el cajón de su escritorio un archivo, entregándoselo a Pebble -Busca a este hombre. Es agente especial en la división de Nueva Orleans, fue el general de la OCEU en un tiempo.. Cuidó de Ray hasta el día de su muerte. Joshiel te dirá lo que necesitas saber.
Callando un momento Campbell meditó si preguntar o no, estaría pisando arenas movedizas, pero necesitaba saberlo, necesitaba saber que no quedaba nada de Rachel en aquella joven. 
-Estás.. segura de que no me recuerdas en absoluto?
Parpadeando, con las lágrimas rodando por sus mejillas sin que pudiera evitarlo, River se obligó al al menos no emitir ningún sonido, intentando contener el llanto, no era tampoco una niña, pero la angustia le había ganado de mano. 
Con una mano temblorosa tomó el archivo que Campbell le entregaba y lo abrazó contra su pecho. Quizá aquel hombre pudiera ayudarle, sólo que ella y esa mujer tenían dos definiciones completamente diferentes de qué significaba ayudarla, ella parecía querer recuperar a su amiga a toda costa, mientras que River simplemente quería continuar siendo ella misma. 
-Sé que quieres a tu amiga, pero no soy ella -respondió y lanzó una mirada enfadada a la mujer. Mentía, sentía que la conocía, pero no quería darle aquella esperanza, sólo le impulsaría a borrarla o lo que diablos fuera que le estaba sucediendo.
A la firme respuesta de River a pesar de estar derritiéndose en frente de ella Campbell solamente asintió. 
-Le encontrarás en Nueva Orleans, ten cuidado en tu camino hasta alli, alguien está cazándonos. En el archivo está la información que necesitas -rodeó la mesa una vez más para sentarse en su silla. 
Había sido estúpida, ya se lo advirtieron, cabía la posibilidad, una entre un millón de que encontrasen a la nueva reencarnación de Rachel, evidentemente ¿Cual había sido la probabilidad de que volviesen a cruzarse? No podía ser una casualidad, o quizá eso era lo que ella quería pensar. Lo mejor que podía hacer era enfocarse en su caso y olvidarse de aquello, tenía que dejar ir el pasado. 
-No olvides informar a JT, ella se preocupa por ti. Si te ocultó esto desde un principio fue para protegerte. 
Tal vez ahora aquella muchacha entendiese que en ocasiones, algunos secretos deberían permanecer siempre ocultos. Si no había modo de recuperar a Ray, si aquello no era reversible, no tenía sentido River estuviese al corriente de su “condición especial”, todo lo que lograría sería enloquecer, o quizá encontraría las suficientes respuestas para poner fin a esa maldición. No era justo para ella y, definitivamente, no era justo para nadie.

  • But I do remember

 

Chicago, Illinois.

FBI special division bureau

 

No quedaba nadie de su equipo en la oficina, aunque debiesen estar allí. Por precaución, y tras el informe de la división amiga de Nueva York, Campbell buscó un lugar seguro para todos los miembros de la división, al menos los importantes, los que se implicaban en los casos. Se había dado la alerta, claro que de forma discreta, alguien estaba cazando a los agentes de las divisiones, algo o alguien, pero según JT era humano, hasta el momento tres francotiradores.

Los que se encargaban del papeleo seguían allí.

Y ella estaba inmersa en algo parecido, papeleo, mas bien fotografías del cuerpo inerte de un hombre apenas reconocible, centro de su nuevo caso. Llevaba un par de días metida de pleno en ello, no parecía haber un móvil, había interrogado a los familiares y nadie pudo afirmar tuviese problemas con otro alguien, era un buen hombre que una buena noche fue despedazado al salir de un restaurente en un oscuro barrio chino.

Le habían arrancado varios órganos, había consultado la base de datos de la OCEU y tenía varias opciones, pero la más certera parecía ser licántropos. Sin motivo, solo matar.

Había pedido archivos sobre muertes similares en casos sin resolver en el sistema, pero parecía ser la primera de seguramente otras muchas muertes, al menos en plena ciudad.

-Agente Campbell..

Ni si quiera oyó llamaban a la puerta de su despacho, solamente apartó la mirada de su trabajo cuando oyó la voz de Ben.

-No es buen momento agente, sea lo que sea podrá esperar a mañana.

-Ha llegado alguien de la división de Nueva York –explicó el muchacho, lo que menos deseaba era fastidiar a su superior, todos conocían a Campbell allí, tenía menos pulgas que un trotamundos.

Shawn arrugó el ceño. ¿Jessica? No podía ser ella, de venir a Chicago le hubiese dado previo aviso.

-Exige verla.

-Si, como sea, que pase –cerró la mayoría de archivos y los apiló a un lado, cerrando también las pestañas en el buscador del ordenador de mesa.

Genial, otra JT, fue lo que cruzó su cabeza, cuando escuchó los gruñidos de la mujer al otro lado de la puerta ¿Es que todas las mujeres de alto rango eran fieras que amenazaban con morder?

-Adelante -aquel sujeto, Ben, le dirigió una media sonrisa por simple amabilidad, River tenía un rostro agradable, era pequeña, se veía adorable, era difícil no sonreírle, o sentir lástima por ella como si fuera un pequeño conejo entrando en la cueva del lobo. A pesar de todo no era tan dulce e inocente como se veía, había experimentado su parte en la guerra, podía lidiar con una agente del FBI gruñona, tenía mucha experiencia con JT. Además, ella también podía llegar a ser un pain in the ass, querría respuestas y no pensaba irse de allí sin ellas.

-Agente Campbell -dibujó una sonrisa intentando al menos ser amable ella misma -Lamento interrumpir, pero me preguntaba si podría tener unas palabras con usted ¿Acerca de Rachel Parker? -alzó el archivo que JT le había entregado y lo dejó caer con fuerza en el escritorio, delante de la nariz de Campbell -Enviaste eso ¿Qué es lo que quieres? -su tono cambió. Parte de ella aún creía que se trataba de alguna trampa, algo que explicara lógicamente todo aquello. Campbell debería querer algo, era alguna clase de jugarreta. Ahora ¿Qué diablos podría querer de una ex estudiante universitaria sin nombre? No tenía la menor idea.

La agente se heló en su silla antes de que la joven mencionase el nombre de Rachel si quiera, todo su organismo pareció entrar en una especie de parada sistemática en cuanto vio aquél rostro, el rostro de un fantasma, la cara de alguien que había seguido viendo en archivos, en esos mismos archivos que envió a JT, pero no se acercaba ni de lejos a la sensación de tenerla en frente. Una parte de ella sabía aquello acabaría sucediendo, pero no esperaba fuese así, planeaba visitar ella Nueva York algún día y ver aquél fenónemo inexplicable para ella en persona, quizá seguir manteniendo su relación con Ray en secreto, todos lo sabían, de un modo u otro, sabían que había una muchacha idéntica a Ray haciéndose llamar River Pebble, lo sabían porque formaba parte de una de las divisiones, y porque las redes sociales servían de algo.

El archivo cayendo en seco y fuerza en su mesa la trajo de regreso, pestañeando por primera vez desde que River entró, aún no podía salir de su sorpresa, mirarla era como mirar a la muerte a los ojos. Tragó y negó con la cabeza, echándole un vistazo al archivo,

ni si quiera sabía qué estaba haciendo. ¿Le preguntaba qué era lo que quería? Maldición, JT le había mostrado la maldita información, no debió hacerlo ¿En qué diablos pensaba?

-No quiero nada -respondió recuperando parte de su compostura, humedeciendo sus labios. Miró sus ojos, casi esperando ver la mirada de Ray en ella, pero era distinto, era el mismo rostro, pero no era la misma mirada. Como ver distintas almas en un mismo cuerpo -Por favor, toma asiento. Esta se suponía era información clasificada, lo único que pretendía enviándole los archivos a JT era mantenerla informada.

-A la mierda con información clasificada, es mi rostro ¿Qué más autorización que esa se necesita? -la sombra de una sonrisa apareció en sus labios, pareciendo algo más relajada. River no sólo se veía algo más joven que Ray, o quizá sólo actuaba más acorde a su edad, sus hombros no estaban tan tensos, no tenía ese porte militar siempre firme, incluso pareció despatarrarse en la silla, en lugar de sentarse con su espalda firme como solía hacer Ray. Sus ojos eran la principal diferencia, eran alegres y cálidos, había una mezcla de todo lo experimentado en ella, no eran firmes y fríos.

-Bien? -enarcó sus cejas -chasqueando sus dedos para que Campbell volviera en sí, parecía algo perdida -¿Planeas explicarte? Si no quieres algo de qué va esto?

-Contéstame tu a esto -Shawn dejó ambos brazos sobre la mesa al inclinarse, intentaba manejar sus sentimientos tan bien le era posible, era su trabajo después de todo, no dejar que las emociones la dominasen, de permitirlo pocos de sus detenidos hubiesen llegado a prisión, se hubiese tomado la justicia por su mano. Con Ray siempre había sido distinto, nunca pudo mantener ese muro con ella, y aún hoy día desconocía la razón. Era más que su compañera, hubiese matado por ella -¿Qué sentiste cuando viste el archivo? Si no sintieses que hay algo extraño en todo esto no estarías aquí, obviando que alguien pueda estar jugando contigo, estás aquí porque sientes hay algo más. Has tenido.. sueños extraños? ¿Pesadillas? Flashes..? Look, es complicado de explicar, sería honesta contigo pero yo no tengo las respuestas que realmente necesitas, when it comes to big supernatural shit I don’t hear a thing. Todo lo que sé es que Ray existió, diablos, puedo jurarlo -alzó las cejas -Tan solo pregunto si tu tienes razones para creerlo también.

-¡Bueno yo existo! –respondió algo alterada de un segundo al siguiente, quizá porque Campbell había dado exactamente en la tecla.

Había estado actuando extraña últimamente, había creído que simplemente era que no sabía ajustarse al estilo de vida post guerra, a una oficina, habiéndose habituado a vivir con la resistencia, pero era más que eso, eran clicks, un segundo estaba lo más bien, al siguiente tenía una reacción completamente ajena a su personalidad, al siguiente volvía a ser la misma, y los sueños, rostros que jamás había visto aparecían en su mente. Era aterrador a decir verdad, realmente aterrador. Pensaba que estaba volviéndose loca pero aquello le hacía pensar que podría ser peor, mucho peor.

Sé que extrañas a tu amiga, pero esta soy yo ¿Está bien? –se puso de pie de un salto, demasiado inquieta para permanecer en su sitio -Mi nombre es River Pebble, nací en Grayson, Georgia, mis padres eran Mary y Joseph Pebble, teníamos una granja. Estudiaba teología en la universidad de Emory y… -sus ojos se empañaron y su voz se cortó por un instante –me gusta el té helado y extraño el pan de maíz de mi mamá… mi primer beso fue con Kevin Samuels en lo alto del granero, pero tropecé y caí, y la horquilla me lastimó la pierna y tengo una cicatriz… -buscó en su brazo justo debajo del codo, no obstante por mucho que estirara la piel buscando la menor mancha no había nada allí, la piel estaba intacta, no tenía otra cicatriz que las que pudiera haber sufrido durante la guerra –Yo… -parpadeó y una lágrima rodó por su mejilla –Soy real.

Shawn había visto lo impensable, lo sobrenatural la sorprendió un día y desde entonces había sido una carrera contrareloj contra si misma, desde luego había dejado de creer en las casualidades, y más aún, había dejado de creer en un futuro para ella. La paladin le había dado la oportunidad de hacer algo bueno, un tiempo para enmendar todo lo que había llegado a hacer con el círculo, pero cuando toda la arena del reloj cayese y su tiempo se agotase, moriría y lo haría sin pelear. No sería ella quién colaboraría en traer el infierno a la tierra.

En definitiva, había visto y hecho mucho para estar curada a estas alturas de espanto, de sorpresas, pero allí estaba esa muchacha sorprendiéndola contra todo pronóstico. Era la imagen lo que le encogía el pecho, aquella lágrima en aquél rostro, de algún modo se sentía como un espejismo, algo irreal. Jamás había visto a Ray llorar a pesar de tener sus motivos.

-Listen -con cuidado, Campbell se levantó y rodeó la mesa para acercarse a la rubia -Apuesto a que todo lo que crees se siente real, pero no lo es. Y no es algo malo, debes tomar esas dudas y confirmarlas, tomar todas esas preguntas y darles respuesta. Al menos, eso haría yo. No eres corriente River, pero yo no soy quién pueda explicártelo.. Como he dicho, todo lo que yo sé es lo que me han dicho -humedeciéndose los labios buscó en el cajón de su escritorio un archivo, entregándoselo a Pebble -Busca a este hombre. Es agente especial en la división de Nueva Orleans, fue el general de la OCEU en un tiempo.. Cuidó de Ray hasta el día de su muerte. Joshiel te dirá lo que necesitas saber.

Callando un momento Campbell meditó si preguntar o no, estaría pisando arenas movedizas, pero necesitaba saberlo, necesitaba saber que no quedaba nada de Rachel en aquella joven.

-Estás.. segura de que no me recuerdas en absoluto?

Parpadeando, con las lágrimas rodando por sus mejillas sin que pudiera evitarlo, River se obligó al al menos no emitir ningún sonido, intentando contener el llanto, no era tampoco una niña, pero la angustia le había ganado de mano.

Con una mano temblorosa tomó el archivo que Campbell le entregaba y lo abrazó contra su pecho. Quizá aquel hombre pudiera ayudarle, sólo que ella y esa mujer tenían dos definiciones completamente diferentes de qué significaba ayudarla, ella parecía querer recuperar a su amiga a toda costa, mientras que River simplemente quería continuar siendo ella misma.

-Sé que quieres a tu amiga, pero no soy ella -respondió y lanzó una mirada enfadada a la mujer. Mentía, sentía que la conocía, pero no quería darle aquella esperanza, sólo le impulsaría a borrarla o lo que diablos fuera que le estaba sucediendo.

A la firme respuesta de River a pesar de estar derritiéndose en frente de ella Campbell solamente asintió.

-Le encontrarás en Nueva Orleans, ten cuidado en tu camino hasta alli, alguien está cazándonos. En el archivo está la información que necesitas -rodeó la mesa una vez más para sentarse en su silla.

Había sido estúpida, ya se lo advirtieron, cabía la posibilidad, una entre un millón de que encontrasen a la nueva reencarnación de Rachel, evidentemente ¿Cual había sido la probabilidad de que volviesen a cruzarse? No podía ser una casualidad, o quizá eso era lo que ella quería pensar. Lo mejor que podía hacer era enfocarse en su caso y olvidarse de aquello, tenía que dejar ir el pasado.

-No olvides informar a JT, ella se preocupa por ti. Si te ocultó esto desde un principio fue para protegerte.

Tal vez ahora aquella muchacha entendiese que en ocasiones, algunos secretos deberían permanecer siempre ocultos. Si no había modo de recuperar a Ray, si aquello no era reversible, no tenía sentido River estuviese al corriente de su “condición especial”, todo lo que lograría sería enloquecer, o quizá encontraría las suficientes respuestas para poner fin a esa maldición. No era justo para ella y, definitivamente, no era justo para nadie.


[Four months later]



FBI special division. Chicago, Illinois



Todo estaba demasiado calmo para su gusto. Ningún caso a destacar desde hacía un par de semanas, su equipo trabajaba día y noche en busca de evidencias pero si había algo ahí afuera, no se dejaba ver con facilidad.

Se contentaba por ahora con pequeños casos, aquellos que un día la tuvieron hasta pasadas horas de la madrugada escribiendo sus perspectivos informes, ahora le parecían basura, después de todo lo que había vivido, tras todo lo que había visto, ocuparse de ladrones de poca monta, de asesinatos por despecho o de timadores corrientes se le hacía pequeño.

-Detective.

La voz de Joe la sacó de su ensimismamiento, se había quedado embobada con la taza de café en las manos, al menos lo había mantenido caliente. El hombre sonrió a Shawn y le tendió una carpeta, guardándose las manos en los bolsillos cuando ella la recogió. Echó un vistazo a su mesa de trabajo, normalmente aquellas mesas no estaban ordenadas, pero aquella era un verdadero desastre.

-Lo siento Joe, estaba.. –ladeó la cabeza buscando las palabras, pero de todas formas no parecía que fuese a acabar nunca esa frase, realmente no tenía ganas de justificarse. Arrugó el ceño al ver el sello en la carpeta.

-Acaba de llegar directamente desde Fort Hood. Creo que es el material que pediste –se tomó la libertad de sentarse en la silla frente a ella, picando un poco de una tableta de chocolate –¿Cuanto tiempo llevamos trabajando en el mismo equipo? Una eternidad.

-Apenas dos meses –contestó ella, sin prestarle apenas atención, ojeando las copias que acababa de recibir. La mayoría eran textos antiguos, estaba sumergida en una investigación ajena a su trabajo, su propio caso.

-¿Y no se ha sentido como toda una vida? –sonrió simpático, señalando con la cabeza los papeles –¿Qué has pedido esta vez?

-Joe ¿Qué quieres? –guardó la carpeta en su maletín y después se dispuso a recoger lo demás, era tarde y quizá iba siendo hora de marcharse a casa. No iba a tener la fortuna de un caso a última hora, aparentemente, y de todas formas, de haber uno la localizarían en su busca.

-Solo intento socalizar contigo. Conocerte un poco mejor. Tu fama te precede, eres de las pocas… En esta división que ya habían trabajado para el FBI. Lo mejorcito de lo mejorcito en la academia, un gran número de casos resuletos.. Tu intervención en el caso de los Rusos-

-Es tarde –interrumpió ella mientras se levantaba, poniéndose el abrigo y la bufanda en el cuello. Le sonrió lo mejor que supo para disculparse –Lo siento. ¿Nos vemos mañana?

-Ma..ñana –repitió en un asentimiento el agente, frunciendo los labios –Claro. A primera hora, como siempre. Te tendré tu café preparado, calentito y con extra de azúcar en la mesa.

-Eres muy amable.

Intercambiaron miradas. Shawn pretendía marcharse, pero el agente seguía con el culo cómodamente incado en la silla y no parecía captar la indirecta de que no iba a dejarle solo en su despacho.

Shawn se había vuelto desconfiada, y defendería el derecho a que nadie se lo reprochase. Estaba completamente sola, y así debía ser, había perdido demasiado como para arriesgarse a volver a involucrarse emocionalmente con nadie, y para colmo había hecho un pacto con quién consideraba el diablo para no ser una esclava el resto de su vida.

-Ah. ¿Quieres que..? –Joe señaló la puerta con el pulgar –Quieres que me.. Claro, que estúpido –rió exageradamente, producto de los nervios y finalmente se puso en pie.

Shawn solamente sonrió. No le caía mal el sujeto, le daba mérito a que lo intentase, pero ya había tenido suficiente dosis de compañeros heridos en combate o muertos en el peor de los casos, estar cerca de ella suponía una muerte segura.



Apenas quedaban vehículos en el parking, la mayoría ya habían abandonado las oficinas, ella solía ser de las últimas en marcharse. Malas costumbres, o nada interesante esperándola en casa, venía siendo lo mismo.

Buscaba las llaves de su mercedes gris cuando notó una punzada en la nuca. El pisar de sus tacos retumbaba en la amplitud del lugar, oscuro, solo las luces de emergencia rojas alumbrando apenas su camino.

Dejó de buscar las llaves, revolviendo carpetas en su maletín, hasta que se volvió violentamente con cuchillo en mano y se lo lanzó a quién había estado siguiéndola.

Afortunadamente, la muchacha que hubiese acabado de no tener buenos reflejos con un arma blanca decorando su frente fue rápida. Arrugando el ceño, Thea Simmos bajó la mano y observó curiosa el arma.

-¿Es reglamentario? –preguntó, mostrándosela.

Shawn suspiró, sacando finalmente las llaves del mercedes, abriendo el maletero para guardar allí el maletín. Cerró de un portazo.

-¿Te han dicho alguna vez que no deberías acosar a una agente de policía armada?

-Alguna que otra –la joven dejó caer su peso contra la carrocería, viéndola atentamente –Tienes mala cara.

-¿Vienes a traerme lo que debiste traerme ayer o solo has venido a regodearte? –siseó, clavando los ojos en ella.

Ni cinco vidas calmarían el resentimiento de Campbell hacia aquella muchacha, una no olvida el rostro de quién consigue asesinarla a sangre fría, fuesen o no fuesen justificables sus intenciones.

-¿Crees que disfruto viendo que pareces un zombie con buenos zapatos? –rió Thea por lo bajo, cruzándose de brazos –Realmente crees que soy un monstruo.

Campbell se ahorró contestar, solamente enarcó las cejas y ladéo la cabeza a un lado.

-Antes de darte nada, necesito saber que sigues estable.

-No he matado a nadie ni he considerado crear mi propia facción demoniaca en las dos últimas semanas, si es lo que estás preguntando.

-Sabes que no es eso lo que pregunto. Esto no es un juego –advirtió Althea, su mirada más intensa, casi como si quisiese atravesarla y poder leerle la mente –Estuviste a punto de quebrarte, lo que eres es lo que eres, y nada de lo que yo te de lo cambiará. Esto no es una cura, y quiero que lo entiendas. Estoy corriendo muchos riesgos dejandote libre, si el círculo vuelve a ponerte las manos encima ahora no podré ayudarte. Se han hecho fuertes, crecen con cada día que pasa y liberarte esa vez fue una historia, volver a hacerlo sería.. En fin –frunció el ceño –Un imposible.

Shawn tragó saliva, negando y pasándose la mano por la frente.

-Tengo jaquecas. A veces van a más, otras a menos.

-El menor de nuestros problemas. ¿Impulsos?

-Mira –cansada de ese juego, Campbell la señaló –Sé que crees que soy una amenaza, diablos, yo misma lo creo. Pero no soy un doberman que necesita una correa, lo que soporté en ese lugar es asunto mio, y como lidio con ello también.

Las luces de emergencia parpadearon, Thea miró de reojo uno de los focos y después posó la mirada en la detective de nuevo. Inexpresiva.

-Tu potencial es peligroso, incluso antes de llegar a tu forma definitiva. Zeon puso todos sus recursos en ti, sacrificó a veintenas de los suyos para liberar todo tu potencial, y una vez todo ese poder despierta, toda esa sed de sangre, esa maldad que corre por tus venas no puede apagarse. No hay un interruptor, así que si. Es asunto mio como lidias con ello –del bolsillo de la chaqueta sacó un frasco, estrecho, poca cosa, no habrían más de 5ml de un líquido rojizo.

La detective lo aceptó, mirándolo en su mano.

-Esto te oculta de ellos, pero no es un bloqueante definitivo. Estás expuesta, tarde o temprano te reconocerán y entonces ni mi sangre, ni la de los mismos soul podrá ocultarte -alejándose del mercedes emprendió camino –Espero que sepas lo que haces.

[Four months later]

FBI special division. Chicago, Illinois

Todo estaba demasiado calmo para su gusto. Ningún caso a destacar desde hacía un par de semanas, su equipo trabajaba día y noche en busca de evidencias pero si había algo ahí afuera, no se dejaba ver con facilidad.

Se contentaba por ahora con pequeños casos, aquellos que un día la tuvieron hasta pasadas horas de la madrugada escribiendo sus perspectivos informes, ahora le parecían basura, después de todo lo que había vivido, tras todo lo que había visto, ocuparse de ladrones de poca monta, de asesinatos por despecho o de timadores corrientes se le hacía pequeño.

-Detective.

La voz de Joe la sacó de su ensimismamiento, se había quedado embobada con la taza de café en las manos, al menos lo había mantenido caliente. El hombre sonrió a Shawn y le tendió una carpeta, guardándose las manos en los bolsillos cuando ella la recogió. Echó un vistazo a su mesa de trabajo, normalmente aquellas mesas no estaban ordenadas, pero aquella era un verdadero desastre.

-Lo siento Joe, estaba.. –ladeó la cabeza buscando las palabras, pero de todas formas no parecía que fuese a acabar nunca esa frase, realmente no tenía ganas de justificarse. Arrugó el ceño al ver el sello en la carpeta.

-Acaba de llegar directamente desde Fort Hood. Creo que es el material que pediste –se tomó la libertad de sentarse en la silla frente a ella, picando un poco de una tableta de chocolate –¿Cuanto tiempo llevamos trabajando en el mismo equipo? Una eternidad.

-Apenas dos meses –contestó ella, sin prestarle apenas atención, ojeando las copias que acababa de recibir. La mayoría eran textos antiguos, estaba sumergida en una investigación ajena a su trabajo, su propio caso.

-¿Y no se ha sentido como toda una vida? –sonrió simpático, señalando con la cabeza los papeles –¿Qué has pedido esta vez?

-Joe ¿Qué quieres? –guardó la carpeta en su maletín y después se dispuso a recoger lo demás, era tarde y quizá iba siendo hora de marcharse a casa. No iba a tener la fortuna de un caso a última hora, aparentemente, y de todas formas, de haber uno la localizarían en su busca.

-Solo intento socalizar contigo. Conocerte un poco mejor. Tu fama te precede, eres de las pocas… En esta división que ya habían trabajado para el FBI. Lo mejorcito de lo mejorcito en la academia, un gran número de casos resuletos.. Tu intervención en el caso de los Rusos-

-Es tarde –interrumpió ella mientras se levantaba, poniéndose el abrigo y la bufanda en el cuello. Le sonrió lo mejor que supo para disculparse –Lo siento. ¿Nos vemos mañana?

-Ma..ñana –repitió en un asentimiento el agente, frunciendo los labios –Claro. A primera hora, como siempre. Te tendré tu café preparado, calentito y con extra de azúcar en la mesa.

-Eres muy amable.

Intercambiaron miradas. Shawn pretendía marcharse, pero el agente seguía con el culo cómodamente incado en la silla y no parecía captar la indirecta de que no iba a dejarle solo en su despacho.

Shawn se había vuelto desconfiada, y defendería el derecho a que nadie se lo reprochase. Estaba completamente sola, y así debía ser, había perdido demasiado como para arriesgarse a volver a involucrarse emocionalmente con nadie, y para colmo había hecho un pacto con quién consideraba el diablo para no ser una esclava el resto de su vida.

-Ah. ¿Quieres que..? –Joe señaló la puerta con el pulgar –Quieres que me.. Claro, que estúpido –rió exageradamente, producto de los nervios y finalmente se puso en pie.

Shawn solamente sonrió. No le caía mal el sujeto, le daba mérito a que lo intentase, pero ya había tenido suficiente dosis de compañeros heridos en combate o muertos en el peor de los casos, estar cerca de ella suponía una muerte segura.

Apenas quedaban vehículos en el parking, la mayoría ya habían abandonado las oficinas, ella solía ser de las últimas en marcharse. Malas costumbres, o nada interesante esperándola en casa, venía siendo lo mismo.

Buscaba las llaves de su mercedes gris cuando notó una punzada en la nuca. El pisar de sus tacos retumbaba en la amplitud del lugar, oscuro, solo las luces de emergencia rojas alumbrando apenas su camino.

Dejó de buscar las llaves, revolviendo carpetas en su maletín, hasta que se volvió violentamente con cuchillo en mano y se lo lanzó a quién había estado siguiéndola.

Afortunadamente, la muchacha que hubiese acabado de no tener buenos reflejos con un arma blanca decorando su frente fue rápida. Arrugando el ceño, Thea Simmos bajó la mano y observó curiosa el arma.

-¿Es reglamentario? –preguntó, mostrándosela.

Shawn suspiró, sacando finalmente las llaves del mercedes, abriendo el maletero para guardar allí el maletín. Cerró de un portazo.

-¿Te han dicho alguna vez que no deberías acosar a una agente de policía armada?

-Alguna que otra –la joven dejó caer su peso contra la carrocería, viéndola atentamente –Tienes mala cara.

-¿Vienes a traerme lo que debiste traerme ayer o solo has venido a regodearte? –siseó, clavando los ojos en ella.

Ni cinco vidas calmarían el resentimiento de Campbell hacia aquella muchacha, una no olvida el rostro de quién consigue asesinarla a sangre fría, fuesen o no fuesen justificables sus intenciones.

-¿Crees que disfruto viendo que pareces un zombie con buenos zapatos? –rió Thea por lo bajo, cruzándose de brazos –Realmente crees que soy un monstruo.

Campbell se ahorró contestar, solamente enarcó las cejas y ladéo la cabeza a un lado.

-Antes de darte nada, necesito saber que sigues estable.

-No he matado a nadie ni he considerado crear mi propia facción demoniaca en las dos últimas semanas, si es lo que estás preguntando.

-Sabes que no es eso lo que pregunto. Esto no es un juego –advirtió Althea, su mirada más intensa, casi como si quisiese atravesarla y poder leerle la mente –Estuviste a punto de quebrarte, lo que eres es lo que eres, y nada de lo que yo te de lo cambiará. Esto no es una cura, y quiero que lo entiendas. Estoy corriendo muchos riesgos dejandote libre, si el círculo vuelve a ponerte las manos encima ahora no podré ayudarte. Se han hecho fuertes, crecen con cada día que pasa y liberarte esa vez fue una historia, volver a hacerlo sería.. En fin –frunció el ceño –Un imposible.

Shawn tragó saliva, negando y pasándose la mano por la frente.

-Tengo jaquecas. A veces van a más, otras a menos.

-El menor de nuestros problemas. ¿Impulsos?

-Mira –cansada de ese juego, Campbell la señaló –Sé que crees que soy una amenaza, diablos, yo misma lo creo. Pero no soy un doberman que necesita una correa, lo que soporté en ese lugar es asunto mio, y como lidio con ello también.

Las luces de emergencia parpadearon, Thea miró de reojo uno de los focos y después posó la mirada en la detective de nuevo. Inexpresiva.

-Tu potencial es peligroso, incluso antes de llegar a tu forma definitiva. Zeon puso todos sus recursos en ti, sacrificó a veintenas de los suyos para liberar todo tu potencial, y una vez todo ese poder despierta, toda esa sed de sangre, esa maldad que corre por tus venas no puede apagarse. No hay un interruptor, así que si. Es asunto mio como lidias con ello –del bolsillo de la chaqueta sacó un frasco, estrecho, poca cosa, no habrían más de 5ml de un líquido rojizo.

La detective lo aceptó, mirándolo en su mano.

-Esto te oculta de ellos, pero no es un bloqueante definitivo. Estás expuesta, tarde o temprano te reconocerán y entonces ni mi sangre, ni la de los mismos soul podrá ocultarte -alejándose del mercedes emprendió camino –Espero que sepas lo que haces.


Chapter: Darkness



-Levanta.

Había exigencia tras la media sonrisa, pero y aunque hubiese querido, la de larga melena castaña muy lejos de lucir atractiva y chispeante como de costumbre, bañada ahora de ese polvo y suciedad no podría oírle.

Nadie parecía haberle enseñado a la raza demoníaca el verbo susurrar, de hecho a ninguno de los presentes parecía importarle que Shawn se hiciese con la información que compartían entre ellos. Tenían claro, probablemente, que solo había una forma de salir de allí para ella; muerta, o cumpliendo con el cometido que se le encomendase, una esclava más del círculo, convertida por fin en su objetivo.

Sus manos haciendo presión en el suelo, sus pulmones buscando desesperadamente por aire, y por el rabillo de los ojos vio al demonio acercarse ofensivamente a ella, cansado de esperar.

Todos los sentidos de Zeon estaban puestos en el combate, a diferencia de sus socios, por así llamarles, él no olvidaba cuan grande era la importancia de esos enfrentamientos. Shawn no había sido criada por el círculo, había sido un tardío descubrimiento, pero el potencial que vio en ella le obligó a desviarse de sus planes iniciales, requeriéndola prácticamente en un capricho como la manchada número trece, el último y definitivo pilar. 

Apenas ladeó una sonrisa cuando otra baja más se sumó a la lista de la ex detective, la infravaloraban, y era una ventaja que una y otra vez Campbell tenía a su favor.

No había orden, no era una lucha justa, por esa razón a Julia se le encogió el estómago y no tuvo reparos en intentar soltarse de los fuertes brazos que la retenían. Era una rata en comparación al demonio que la custodiaba. A ella, y a los seis manchados más que allí se encontraban.

-Shawn! –gritó desaforadamente, incluso sus cuerdas vocales se resintieron, algo que valió la pena no obstante, pues su advertencia ayudó a defenderse a la morena.

Sabía lo que querían, y precisamente por esa razón no cedería. Usar todas esas habilidades demoníacas que desconocía abriría paso a su oscuridad, una que por mucho que se negase, estaba allí. Corriendo por sus venas, alimentándose de toda bondad, haciéndose fuerte con el paso de los días, arrebatándole poco a poco el aliento y la resistencia.

Envolviendo la muñeca del demonio pudo torcérsela, tal y como había predecido su adversario no soltó el arma blanca, aprovechándola para estacar al segundo que se acercaba por su derecha, haciéndose ella a un lado, anulando la voluntad del brazo del primer demonio para usarlo a su favor. Cuando el primero cayó, dio un rodillazo en el estómago del segundo y en esa fracción de segundo en el que se vio adolorido, si le arrebató el athame para acabar enterrándoselo en el cuello, atravesando su yugular.

No los había contado, ni iba a hacerlo. Cuantos demonios había abatido y cuantos recipientes en consecuencia había asesinado no podría decirlo, pero y mientras su pecho se inflaba y desinflaba con violencia miró alrededor, contemplando aparentemente impasible su masacre. Y aún habiendo salido aparentemente victoriosa, sabía que más tarde, cuando la adrenalina la abandonase, cada costilla, cada hueso y cada músculo de su cuerpo se resentirían, así como los cortes y cardenales.

No se hizo el silencio, Diameth, Thorok y Kheid, demonios del circulo seguían quizá apostando por cual de todos los manchados sería el primero en ceder a su oscuridad, con cual de ellos podrían iniciar la segunda etapa de su plan; claro que, para eso, necesitaban hallar la ambrosía que les daría a aquellos híbridos la definitiva inmortalidad y les convertiría en los nuevos príncipes del infierno.

La rabia azotaba el pecho de Shawn, y más se intensificó al saber que ella solo era una más, había entrenado, había sido detective, temporalmente cazadora, sabía pelear, sabía defenderse, pero aquellos chicos, aquellos jóvenes como Trade y Julia eran insectos si los comparaban con sus adversarios. Eran inocentes, incapaces de matar una sola mosca.

Envolviendo el mango del athame con fuerza, marcando en blanco sus nudillos no pestañeó cuando lo lanzó al otro lado del indelimitado “ring”, apuntando a quién lo detuvo a tiempo.

Zeon era quién sostenía ahora la daga, la punta de la misma a escasos centímetros de rozar la piel de su entrecejo. Bajó el arma lentamente y la observó entretenido, viendo después a Shawn.

-Buen brazo –felicitó el demonio, guardándose la daga bajo la chaqueta. Arrugó levemente el ceño y se puso en pie, abandonando su silla presidencial para abrirse camino entre el montón de cadáveres, algunos se levataban, no obstante.

Después de todo solo eran sus recipientes los que morían, una esencia demoníaca no se eliminaba tan fácilmente. Y sino, que se lo preguntasen a ella.

-Deja que te pregunte algo. Eres objetiva, sensata –añadió, dejando un instante los ojos en blanco –¿Luchas para sobrevivir o intentas demostrar algo? Esto no terminará, Shawn. Eventualmente te romperás, estás predestinado a suceder, está en tu sangre.. Mi sangre. Lo que por cierto, te hace especial.

Shawn arrugó el ceño, entornando los ojos en todo momento para seguir el caminar en círculos de Zeon a su alrededor. ¿Especial? No veía nada de especial en tener su sangre.

-No soy nueva en el juego. No soy tuya, por eso no puedes dominarme como a los demás, fue otro quién me dio su sangre. Mitad demonio o no, híbrido o no nadie puede controlarme, él único que podia hacerlo murió en Siria.

-Mi viejo amigo Azrael, debí tener en cuenta que tendría un plan cuando le desterramos. Tu –sonrió, deteniéndose a espaldas de la detective y aunque en un principio se sintió como una caricia su mano enredándose en su melena, acabó siendo un tirón seco que hizo a Shawn alzar la barbilla, echando el cuello hacia atrás y quejándose en un gruñido –Pero te equivocas de nuevo. Convengamos que has sido rebautizada –dejó los labios en su mejilla, cerrando los ojos al inspirar su aroma.

La ex detective llevó el codo hacia atrás, golpeando el pecho de Zeon y sacudiendo los brazos se liberó de él, volviéndose a verle. Su mentón temblando al tensar con rabia la mandídula.

-¿Sorprendida? –rió él –Ahora eres mía. Y cuando acabe de trabajar contigo, te arrodillarás a mis pies. Todo lo que ahora desprecias será todo lo que ames, todo lo que admires.. Y esos sahuesos humanos a los que tan dedicadamente protegiste toda tu vida se tornarán en tu pasatiempo favorito. No importa cuanto luches contra ello, está en tu naturaleza, y más tarde o más temprano.. Cederás.

Diameth –llamó a uno de los demonios –Llévatela. Según parece Shawn echa de menos tus juguetes..

Chapter: Darkness

-Levanta.

Había exigencia tras la media sonrisa, pero y aunque hubiese querido, la de larga melena castaña muy lejos de lucir atractiva y chispeante como de costumbre, bañada ahora de ese polvo y suciedad no podría oírle.

Nadie parecía haberle enseñado a la raza demoníaca el verbo susurrar, de hecho a ninguno de los presentes parecía importarle que Shawn se hiciese con la información que compartían entre ellos. Tenían claro, probablemente, que solo había una forma de salir de allí para ella; muerta, o cumpliendo con el cometido que se le encomendase, una esclava más del círculo, convertida por fin en su objetivo.

Sus manos haciendo presión en el suelo, sus pulmones buscando desesperadamente por aire, y por el rabillo de los ojos vio al demonio acercarse ofensivamente a ella, cansado de esperar.

Todos los sentidos de Zeon estaban puestos en el combate, a diferencia de sus socios, por así llamarles, él no olvidaba cuan grande era la importancia de esos enfrentamientos. Shawn no había sido criada por el círculo, había sido un tardío descubrimiento, pero el potencial que vio en ella le obligó a desviarse de sus planes iniciales, requeriéndola prácticamente en un capricho como la manchada número trece, el último y definitivo pilar.

Apenas ladeó una sonrisa cuando otra baja más se sumó a la lista de la ex detective, la infravaloraban, y era una ventaja que una y otra vez Campbell tenía a su favor.

No había orden, no era una lucha justa, por esa razón a Julia se le encogió el estómago y no tuvo reparos en intentar soltarse de los fuertes brazos que la retenían. Era una rata en comparación al demonio que la custodiaba. A ella, y a los seis manchados más que allí se encontraban.

-Shawn! –gritó desaforadamente, incluso sus cuerdas vocales se resintieron, algo que valió la pena no obstante, pues su advertencia ayudó a defenderse a la morena.

Sabía lo que querían, y precisamente por esa razón no cedería. Usar todas esas habilidades demoníacas que desconocía abriría paso a su oscuridad, una que por mucho que se negase, estaba allí. Corriendo por sus venas, alimentándose de toda bondad, haciéndose fuerte con el paso de los días, arrebatándole poco a poco el aliento y la resistencia.

Envolviendo la muñeca del demonio pudo torcérsela, tal y como había predecido su adversario no soltó el arma blanca, aprovechándola para estacar al segundo que se acercaba por su derecha, haciéndose ella a un lado, anulando la voluntad del brazo del primer demonio para usarlo a su favor. Cuando el primero cayó, dio un rodillazo en el estómago del segundo y en esa fracción de segundo en el que se vio adolorido, si le arrebató el athame para acabar enterrándoselo en el cuello, atravesando su yugular.

No los había contado, ni iba a hacerlo. Cuantos demonios había abatido y cuantos recipientes en consecuencia había asesinado no podría decirlo, pero y mientras su pecho se inflaba y desinflaba con violencia miró alrededor, contemplando aparentemente impasible su masacre. Y aún habiendo salido aparentemente victoriosa, sabía que más tarde, cuando la adrenalina la abandonase, cada costilla, cada hueso y cada músculo de su cuerpo se resentirían, así como los cortes y cardenales.

No se hizo el silencio, Diameth, Thorok y Kheid, demonios del circulo seguían quizá apostando por cual de todos los manchados sería el primero en ceder a su oscuridad, con cual de ellos podrían iniciar la segunda etapa de su plan; claro que, para eso, necesitaban hallar la ambrosía que les daría a aquellos híbridos la definitiva inmortalidad y les convertiría en los nuevos príncipes del infierno.

La rabia azotaba el pecho de Shawn, y más se intensificó al saber que ella solo era una más, había entrenado, había sido detective, temporalmente cazadora, sabía pelear, sabía defenderse, pero aquellos chicos, aquellos jóvenes como Trade y Julia eran insectos si los comparaban con sus adversarios. Eran inocentes, incapaces de matar una sola mosca.

Envolviendo el mango del athame con fuerza, marcando en blanco sus nudillos no pestañeó cuando lo lanzó al otro lado del indelimitado “ring”, apuntando a quién lo detuvo a tiempo.

Zeon era quién sostenía ahora la daga, la punta de la misma a escasos centímetros de rozar la piel de su entrecejo. Bajó el arma lentamente y la observó entretenido, viendo después a Shawn.

-Buen brazo –felicitó el demonio, guardándose la daga bajo la chaqueta. Arrugó levemente el ceño y se puso en pie, abandonando su silla presidencial para abrirse camino entre el montón de cadáveres, algunos se levataban, no obstante.

Después de todo solo eran sus recipientes los que morían, una esencia demoníaca no se eliminaba tan fácilmente. Y sino, que se lo preguntasen a ella.

-Deja que te pregunte algo. Eres objetiva, sensata –añadió, dejando un instante los ojos en blanco –¿Luchas para sobrevivir o intentas demostrar algo? Esto no terminará, Shawn. Eventualmente te romperás, estás predestinado a suceder, está en tu sangre.. Mi sangre. Lo que por cierto, te hace especial.

Shawn arrugó el ceño, entornando los ojos en todo momento para seguir el caminar en círculos de Zeon a su alrededor. ¿Especial? No veía nada de especial en tener su sangre.

-No soy nueva en el juego. No soy tuya, por eso no puedes dominarme como a los demás, fue otro quién me dio su sangre. Mitad demonio o no, híbrido o no nadie puede controlarme, él único que podia hacerlo murió en Siria.

-Mi viejo amigo Azrael, debí tener en cuenta que tendría un plan cuando le desterramos. Tu –sonrió, deteniéndose a espaldas de la detective y aunque en un principio se sintió como una caricia su mano enredándose en su melena, acabó siendo un tirón seco que hizo a Shawn alzar la barbilla, echando el cuello hacia atrás y quejándose en un gruñido –Pero te equivocas de nuevo. Convengamos que has sido rebautizada –dejó los labios en su mejilla, cerrando los ojos al inspirar su aroma.

La ex detective llevó el codo hacia atrás, golpeando el pecho de Zeon y sacudiendo los brazos se liberó de él, volviéndose a verle. Su mentón temblando al tensar con rabia la mandídula.

-¿Sorprendida? –rió él –Ahora eres mía. Y cuando acabe de trabajar contigo, te arrodillarás a mis pies. Todo lo que ahora desprecias será todo lo que ames, todo lo que admires.. Y esos sahuesos humanos a los que tan dedicadamente protegiste toda tu vida se tornarán en tu pasatiempo favorito. No importa cuanto luches contra ello, está en tu naturaleza, y más tarde o más temprano.. Cederás.

Diameth –llamó a uno de los demonios –Llévatela. Según parece Shawn echa de menos tus juguetes..



8 months ago | 17 notes (originally from ghita13)


“In the end, some of your greatest pains become your greatest strengths.”

8 months ago | 258 notes (originally from breathlifein)


You’ve got this.

8 months ago | 943 notes (originally from a-torvs)